miércoles, 24 de octubre de 2007

El GOFA contra las dictaduras.

La Argentina mantuvo relación con la 'Legión del Caribe' a través del Gran Oriente Federal Argentino. El GOFA produjo a lo largo de su existencia entre 1935 y 1957 una activa participación en la lucha antifascista y contra las dictaduras latinoamericanas. Su sede en Sarmiento 1874, se transformó en un baluarte antifascista. Socorrió exiliados, ayudó a movimientos de rebeldía popular, combatió al clericalismo y los regímenes militaristas, defendió a la República Española y a los movimientos independentistas y democratizadores estableciendo una red masónica continental desde México a Tierra del Fuego. Obtuvo resultados desiguales pero apoyó la lucha de la Gran Logia Nacional de Puerto Rico que encabezaba la resistencia contra el neocolonialismo norteamericano. Esa masonería puertorriqueña estaba liderada por Pedro Albizu Campos. Para ello, el GOFA mantuvo estrecha colaboración con la revista masónica puertorriqueña: 'Entre Columnas'.
El GOFA organizó la Oficina de Prensa al Servicio de la República; el Centro Republicano Español, en Buenos Aires, con varias filiales en el interior y alentó la actividad del Patronato Español de Ayuda a las Víctimas Antifascistas (PEAVA). El GOFA se fusionó en 1957 con la Gran Logia, reunificando a la masonería argentina.
El último acto de la 'Legión', pero por la vía del GOFA argentino, fue el intento de derrocar al dictador paraguayo Alfredo Stroessner. Para ello colaboró con los que resistían al régimen y contribuyó a armar a los paraguayos que pasaron de la Argentina a la tierra guaraní con esa intención. Ese papel lo jugaron el comerciante español Miguel Servera, cabeza visible de los gofistas; los paraguayos liberales Justo Prieto, Rodrigo Mesquita Vera y el coronel Eliseo Salinas; el colorado disidente Mario Mayorkin; el contador Cartes Duarte y el bioquímico Burgstaller. Militares argentinos antiperonistas contribuyeron en armar la insurrección contra la dictadura paraguaya.
Pero ocurrió un hecho político latinoamericano precipitante. El 1º de enero de 1959 entró triunfante a La Habana el Ejército Revolucionario encabezado por Fidel Castro y, para Washington, no fue un hecho menor. Era, para el imperialismo, el alerta de que América latina se movilizaba en la búsqueda de nuevas formas de política.
Entre los insurgentes paraguayos que penetraron la frontera desde la Argentina había militantes de los partidos Liberal, Revolucionario Febrerista, Colorado disidente y Comunista, además de algunos oficiales guaraníes y militantes católicos. Fue entonces que la CIA o el Departamento de Estado alertó al dictador Stroessner sobre los grupos insurgentes, los lugares por los que ingresarían y los esperaron. Las fuerzas del ejército que respondían al dictador los emboscaron a casi todos, asesinándolos, uno por uno. Muchos de los cadáveres fueron arrojados al río, arrancados los corazones y ojos, castrados, mutilados. Aparecieron por decenas flotando por el río Paraná. Recuerdo muy bien los hechos porque a principios de 1960, exiliados paraguayos me entregaron fotografías de esos cadáveres que publicó el periódico socialista 'Afirmación' en el que me desempeñaba como reportero. Fue mi primera nota periodística, a los 17 años. Una o dos semanas después, el mismo juego de fotos de los mártires paraguayos fueron publicadas por el periódico 'Propósitos' que dirigía el escritor y dramaturgo Leónidas Barleta. Esta es una historia casi desconocida que es también un ejemplo de la lucha titánica contra las dictaduras que han ensangrentado a la América latina y que oprimieron a las masas; dictaduras al servicio de intereses oligárquicos y de países extranjeros dominantes.