sábado, 12 de julio de 2008

Rito y Simbolo...Rene Guenon



Hemos indicado precedentemente que el rito y el símbolo, que son el uno y el otro elementos esenciales de toda iniciación, y que incluso, de una manera más general, se encuentran asociados también invariablemente en todo lo que presenta un carácter tradicional, están en realidad estrechamente ligados por su naturaleza misma. En efecto, todo rito conlleva necesariamente un sentido simbólico en todos sus elementos constitutivos, e, inversamente, todo símbolo produce (y es a eso incluso a lo que está esencialmente destinado), para aquel que lo medita con las aptitudes y las disposiciones requeridas, unos efectos rigurosamente comparables a los de los ritos propiamente dichos, bajo la reserva, bien entendido, de que haya, en el punto de partida de este trabajo de meditación y como condición previa, la transmisión iniciática regular, fuera de la cual, por lo demás, los ritos no serían más que un vano simulacro, así como ocurre en las parodias de la pseudoiniciación. Es menester agregar aún que, cuando se trata de ritos y de símbolos verdaderamente tradicionales (y aquellos que no poseen este carácter no merecen ser llamados así, puesto que no son en realidad más que simples contrahechuras profanas suyas), su origen es igualmente «no humano»; así pues, la imposibilidad de signarles un autor o un interventor determinado, que ya hemos señalado, no se debe a la ignorancia, como pueden suponerlo los historiadores ordinarios (cuando no llegan, en último extremo, a ver en ello el producto de una suerte de «conciencia colectiva», que, si existiera, sería en todo caso bien incapaz de dar nacimiento a cosas de orden transcendente, como aquellas de las que se trata aquí), sino que es una consecuencia necesaria de este origen mismo, que no puede ser contestado más que por aquellos que desconocen totalmente la verdadera naturaleza de la tradición y de todo lo que forma parte integrante de ella, como es muy evidentemente el caso a la vez para los ritos y para los símbolos.

Si se quiere examinar más de cerca esta identidad profunda del rito y del símbolo, se puede decir, primeramente, que el símbolo, entendido como figuración «gráfica», así como lo es lo más ordinariamente, no es en cierto modo más que la fijación de un gesto ritual (1) . Por lo demás, ocurre frecuentemente que el trazado mismo del símbolo debe efectuarse regularmente en condiciones que le confieren todos los caracteres de un rito propiamente dicho; de esto se tiene un ejemplo muy claro, en un dominio inferior, el de la magia (que, a pesar de todo, es una ciencia tradicional), con la confección de las figuras talismánicas; y, en el orden que nos concierne más inmediatamente, el trazado de los yantras , en la tradición hindú, es también un ejemplo no menos explícito de ello (2).

Pero eso no es todo, ya que, a decir verdad, la noción del símbolo a la que acabamos de referirnos es demasiado estrecha: no hay solamente símbolos figurados o visuales, hay también símbolos sonoros; ya hemos indicado en otra parte esta distinción de dos categorías fundamentales, que son, en la doctrina hindú, la del yantra y la del mantra (3) . Precisábamos entonces incluso que su predominancia respectiva caracterizaba a dos tipos de ritos, que, en el origen, se atribuyen, para los símbolos visuales, a las tradiciones de los pueblos sedentarios, y, para los símbolos sonoros, a las de los pueblos nómadas; por lo demás, entiéndase bien que, entre los unos y los otros, la separación no puede ser establecida de una manera absoluta (y es por eso por lo que hablamos solo de predominancia), puesto que aquí son posibles todas las combinaciones, debido al hecho de las adaptaciones múltiples que se han producido en el curso de las edades y por las cuales han sido constituidas las diversas formas tradicionales que nos son conocidas actualmente. Estas consideraciones muestran bastante claramente el lazo que existe, de una manera completamente general, entre los ritos y los símbolos; pero, podemos agregar que, en el caso de los mantras , este lazo es más inmediatamente aparente: en efecto, mientras que el símbolo visual, una vez que ha sido trazado, permanece o puede permanecer en el estado permanente (y es por lo que hemos hablado de gesto fijado), el símbolo sonoro, por el contrario, no es manifestado más que en el cumplimiento mismo del rito. Por lo demás, esta diferencia se encuentra atenuada cuando se establece una correspondencia entre los símbolos sonoros y los símbolos visuales; es lo que ocurre con la escritura, que representa una verdadera fijación del sonido (no del sonido mismo como tal, bien entendido, sino de una posibilidad permanente de reproducirle); y apenas hay necesidad de recordar a este propósito que toda escritura, en cuanto a sus orígenes al menos, es una figuración esencialmente simbólica. Por lo demás, la cosa no es diferente para la palabra misma, a la que este carácter simbólico no es menos inherente por su naturaleza propia: es muy evidente que la palabra, cualquiera que sea, no podría ser nada más que un símbolo de la idea que está destinada a expresar; así, todo lenguaje, tanto oral como escrito, es verdaderamente un conjunto de símbolos, y es precisamente por eso por lo que el lenguaje, a pesar de todas las teorías «naturalistas» que han sido imaginadas en los tiempos modernos para intentar explicarle, no puede ser una creación más o menos artificial del hombre, ni un simple producto de su facultades de orden individual (4)..

Hay también, para los símbolos visuales mismos, un caso bastante comparable al de los símbolos sonoros, bajo la relación que acabamos de indicar: este caso es el de los símbolos que no son trazados de manera permanente, sino que se emplean solo como signos en los ritos iniciáticos (concretamente los «signos de reconocimiento» de los que hemos hablado precedentemente)(5)e incluso religiosos (el «signo de la cruz» es un ejemplo típico de ello y conocido por todos) (6); aquí, el símbolo no forma realmente más que uno con el gesto ritual mismo(7). Por lo demás, sería completamente inútil querer hacer de estos signos una tercera categoría de símbolos, distinta de aquellas de las que hemos hablado hasta aquí; probablemente, algunos psicólogos los considerarían así y los designarían como símbolos «motores» o por cualquier otra expresión de este género; pero, puesto que se hacen evidentemente para ser percibidos por la vista, entran por eso mismo en la categoría de los símbolos visuales; y son en ésta, en razón de su «instantaneidad», si se puede decir, los que representan la mayor similitud con la categoría complementaria, la de los símbolos sonoros. Por lo demás, el símbolo «gráfico» mismo es, lo repetimos, un gesto o un movimiento fijado (el movimiento mismo o el conjunto más o menos complejo de movimientos que es menester hacer para trazarle, y que los mismos psicólogos, en su lenguaje especial, llamarían sin duda un «esquema motor») (8); y, en lo que respecta a los símbolos sonoros, puede decirse también que el movimiento de los órganos vocales, necesario para su producción (ya sea que se trate, por lo demás, de la emisión de la palabra ordinaria o de la de sonidos musicales), constituye en suma un gesto del mismo orden que todos los demás tipos de movimientos corporales, de los que, por lo demás, no es posible aislarle nunca enteramente (9). Así, esta noción del gesto, tomada en su acepción más extensa (y que, por lo demás, es más conforme a lo que implica verdaderamente la palabra que la acepción más restringida que se la da en el uso corriente), reduce todos estos casos diferentes a la unidad, de suerte que se puede decir que es ahí donde tienen en el fondo su principio común; y, en el orden metafísico, este hecho tiene una significación profunda, que no podemos pensar desarrollar aquí, a fin de no apartarnos demasiado del tema principal de nuestro estudio.

Se debe poder comprender ahora sin esfuerzo el hecho de que todo rito esté constituido literalmente por un conjunto de símbolos: éstos, en efecto, no comprenden solo los objetos empleados o las figuras representadas, como se podría estar tentado de pensarlo cuando uno se queda en la noción más superficial, sino también los gestos efectuados y las palabras pronunciadas (puesto que, en realidad, según lo que acabamos de decir, éstas no son más que un caso particular de aquellos), en una palabra, todos los elementos del rito sin excepción; y estos elementos tienen así valor de símbolos por su naturaleza misma, y no en virtud de una significación sobreagregada que les vendría de las circunstancias exteriores y que no les sería verdaderamente inherente. Se podría decir también que los ritos son símbolos «puestos en acción», y que todo gesto ritual es un símbolo «actuado» (10); no es, en suma, más que otra manera de expresar la misma cosa, poniendo sólo más especialmente en evidencia el carácter que presenta el rito de ser, como toda acción, algo que se cumple forzosamente en el tiempo (11), mientras que el símbolo como tal puede ser considerado desde un punto de vista «intemporal». En este sentido, se podría hablar de una cierta preeminencia del símbolo en relación al rito; pero rito y símbolo no son en el fondo más que dos aspectos de una misma realidad; y ésta no es otra, en definitiva, que la correspondencia que liga entre ellos todos los grados de la Existencia universal, de tal suerte que, por ella, nuestro estado humano puede ser puesto en comunicación con los estados superiores del ser.

NOTAS
1.Estas consideraciones se relacionan directamente con lo que hemos llamado la «teoría del gesto», a la cual hemos hecho alusión en diversas ocasiones.

2.A eso se puede asimilar, en la antigua Masonería, el trazado del «tablero de la Logia» (en inglés tracing board , y también, quizás por corrupción, trestle board ), el cual constituía efectivamente un verdadero yantra . Los ritos en relación con la construcción de monumentos con destino tradicional podrían citarse también aquí como ejemplo, puesto que esos monumentos tenían necesariamente, en sí mismos, un carácter simbólico.

3.Ver El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos , cap. XXI.

4.No hay que decir que la distinción de las «lenguas sagradas» y de las «lenguas profanas» no interviene aquí más que secundariamente; tanto para las lenguas como para las ciencias y las artes, el carácter profano no representa nunca más que el resultado de una verdadera degeneración, que, por lo demás, ha podido producirse más pronto y más fácilmente en el caso de las lenguas en razón de su uso más corriente y más generalizado.

5.Las «palabras» de uso similar entran naturalmente en la categoría de los símbolos sonoros.

6.Por lo demás, este signo era también un verdadero «signo de reconocimiento» para los cristianos de los primeros tiempos.

7.Un caso en cierto modo intermediario es el de las figuras simbólicas que, trazadas al comienzo de un rito o en su preparación, son borradas inmediatamente después de su cumplimiento; igualmente es así para muchos yantras , y era también así antaño para el «tablero de la Logia» en la Masonería. Esta práctica no representa solo una precaución tomada contra la curiosidad profana, explicación siempre demasiado «simplista» y superficial; es menester ver en ella sobre todo una consecuencia del lazo mismo que une íntimamente el símbolo y el rito, de tal suerte que el símbolo no tendría ninguna razón de subsistir visiblemente fuera del rito.

8.Eso se ve muy claramente en un caso como el del «signo de reconocimiento» que, en los pitagóricos, consistía en trazar el «pentagrama» de un solo trazo.

9.Señalamos, en lo que concierne a las relaciones del lenguaje con el gesto entendido en su sentido más ordinario y restringido, los trabajo del Rev. P. Marcel Jousse, que aunque tienen un punto de partida forzosamente muy diferente del nuestro, no son por ello menos dignos de interés, desde nuestro punto de vista, puesto que tocan la cuestión de algunos modos de expresión tradicionales ligados generalmente a la constitución y al uso de las lenguas sagradas, y casi enteramente perdidos u olvidados en las lenguas profanas, que están en suma reducidas a la forma de lenguaje más estrechamente limitada de todas.

¿Que es un Rito?

La palabra latina Ritus de donde se ha tomado la traducción Rito significa ‘una práctica’ o ‘costumbre aprobada’ o una ‘observancia exterior’. Vesio la deriva por transposición del griego, de donde procede y significa literalmente ‘una senda hollada’, y, metafóricamente, ‘una costumbre de larga duración’. Como término masónico su aplicación es, por lo tanto, aparente. Significa el método de conferir luz masónica por una colección y distribución de grados. Es, en otras palabras, el método y orden observados en el gobierno del sistema masónico.

El sistema original de la Masonería Especulativa consiste únicamente de tres Grados Simbólicos. Tal era la situación de la Francmasonería en el año 1717, en el momento que se conoce en Inglaterra como Renacimiento del Arte . Por consiguiente éste fue el Rito original o práctica aprobada, y de este modo continuó en Inglaterra hasta el año 1813, época en que se efectuó la unión de las dos Grandes Logias, y en que “el Santo Arco Real” se declaró que formaba parte del sistema.

Pero en el continente europeo la organización de los nuevos sistemas principió en una época anterior, y por la invención de los que se conocen como grados superiores se estableció una multitud de Ritos. Todos éstos están de acuerdo con un Rito esencial e importante. Fueron establecidos bajo la base de los tres grados simbólicos, los que en todo caso constituyeron la base fundamental en la que fueron establecidos. Su designio era la expansión y desarrollo de las ideas masónicas contenidas en estos grados. Los grados de Aprendiz, de Compañero Masón y Maestro formaban el pórtico por el cual todo iniciado debía pasar que pudiese obtener entrada en el interior del templo que había sido erigido por los fundadores del rito. Ellos constituían el texto, y los grados superiores el comentario.

De aquí proviene la ley, que cualquiera que sea la constitución y enseñanzas de cualquier Rito respecto a los grados superiores que le son peculiares, siendo los tres grados simbólicos comunes a todos los Ritos, el Maestro Masón, en cualquiera de los ritos puede visitar y verificar sus labores en la Logia del Maestro de cualquier otro Rito. Únicamente hasta después que ha pasado el grado es cuando el privilegio exclusivo de cada Rito principia a ejercer su influencia.

Pero ha habido algunos de ellos que han subsistido únicamente por la influencia de sus autores, y han desaparecido tan pronto como la energía paternal que los creaba dejaba de existir. Otros han tenido una existencia más permanente y continúan aún viviendo en la familia masónica, suministrando únicamente métodos diversos de adquisición de conocimientos con el mismo gran fin la adquisición de la Verdad Divina por la Luz masónica. Ragón en su obra Tulier General, nos proporciona los nombres de ciento ocho, bajo títulos diferentes de Ritos, Ordenes y Academias. Pero muchos de éstos, no son masónicos, siendo únicamente de carácter social, político o literario. El catálogo siguiente comprende los más importantes de los que hasta la fecha continúan atrayendo la atención del estudiante masónico:

1. Rito de York.
4. Rito Americano.
5. Rito Escocés Filosófico.
6. Rito Escocés primitivo.
7. Rito Reformado.
8. Rito Helvético Reformado.
9. Rito de Fessler.
11. Rito de la Gran Logia de los Tres Globos.
12. Rito del Elegido de la Verdad.
13. Rito del Velo Púrpura.
14. Rito del capítulo de Clermont.
15. Rito de Permnetty.
16.Rito de la estrella Flamígera.
17. Rito de Chastanier.
18. Rito de los Filaletes.
19. Rito primitivo de los Filadelfos.
20. Rito del Martinismo.
21. Rito del Hermano Henoch.
22. Rito de Mizraim.
23. Rito de Menfis.
24. Rito de la estricta observancia.
25. Rito de la Observancia Laxa.
26. Rito de los Arquitectos Africanos.
27. Rito de los Hermanos del Asia.
28. Rito de Perfección.
29. Rito de los Elegidos Cohens.
30. Rito de los Emperadores del este y del Oeste.
31. Rito Primitivo de Narbona.
32. Rito de la Orden del Templo.
34. Rito de Swedenborg.
35. Rito de Zinzendorf.
36. Rito Egipcio de Cagliostro.
37. Rito de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa.
En Masonería ningún Rito tiene supremacía sobre otro y si el Rito ha sido reconocido, el hermano lo es de todos los Masones del Universo.

Pero volvamos un poco atrás y examinemos como se fueron formando estos ritos.

El origen de los Ritos es difícil de establecer; algunos lo atribuyen a los Colegios de Arquitectos Romanos formados por Numa en el año 715 a J:C:; otros a los Esenios, a los Dionisianos, a los Judíos, a la construcción del Templo de Salomón, etc.

Se considera el año de 1.641 como el de la más clara reforma radical de la antigua Masonería y de él se parte, porque fue cuando las Cofradías de Masones Constructores empezaron a admitir a personas de todas las clases y condiciones, aunque fueran completamente extrañas al Arte de la Arquitectura manual.

Esto se consideraba como una distinción honorífica que no daba derecho a disfrutar los privilegios de que gozaban los verdaderos obreros y se otorgaba a distinguidos y notables personas por su sabiduría y su talento o de quienes se esperaba alcanzar alguna protección o utilidad y de aquí proviene la palabra Aceptado.

Las Corporaciones de Constructores fueron perdiendon su carácter práctico y manual, consagrándose al trabajo espiritual y dando origen a la Masonería moderna en 1.717 al reunirse las cuatro Logias de Londres, que se constituyeron en Gran Logia, y, sólo reconoció los tres grados simbólicos de Aprendiz, Compañero y Maestro.

En 1.724, el escocés Ramsay propuso a la Gran Logia de Inglaterra un sistema que comprendía la adopción de los grados Escocés, Novicio y Caballero del Templo. La propuesta fue rechazada por la Gran Logia inglesa, pero tuvo gran aceptación en Francia, y estos grados fueron como los precursores de la infinidad de sistemas de todo género que se sucedieron después.

A los grados irlandeses y a los del reformador Ramsay, se sucedieron los del filosofismo, que penetraron en muchas Logias Francesas. En 1.754 se fundó en París el Capítulo de Altos Grados llamado "CONSEJO DE EMPERADORES DE ORIENTE Y OCCIDENTE", de donde salieron muchos Ritos tales como el de Heredom o de Perfección que se llamó también Escocés Primitivo de 25 grados y otros muchos Ritos, hasta que en 1.772 se disolvió en Francia la Gran Logia y se creó la Unificación Masónica naciendo el Gran Oriente Francés que consideró "peligrosos y antimasónicos los altos grados", en circular dirigida a todas las Logias, proclamando que el Gran Oriente no admitiría ni practicaría más que los tres grados simbólicos del Rito Inglés, a los que dio el nombre de Rito Francés (Diccionario Enciclopédico Abreviado de la Masonería. Pag. 429).

Sin embargo, la creación de nuevos Ritos continuó y como el Gran Oriente no logró imponer su autoridad "por cuanto continuaba la pasión por los altos grados", el Gran Oriente declaró que reconocía el derecho que tenían todos los Masones y las Logias para practicar cualquier Rito y que su jurisdicción sólo abarcaba a las Logias que profesaban el Rito Francés.

En 1.782 se creó en el Gran Oriente de Francia una Cámara de Grados para estudiar y depurar los Sistemas Masónicos y concluyó que además de los tres grados simbólicos debían adoptarse cuatro más, que venían a ser como un resumen de todos los demás agregados.

Al mismo tiempo surgió la cuestión del R:.E:.A:.A:., cuyo origen unos dicen inglés, irlandés o escocés; otros lo atribuyen a las reformas de Ramsay y otros al Rey Federico de Prusia.

La base del Rito Escocés Antiguo y Aceptado se encuentra en el Rito de Perfección, creado en París en 1.756 con 25 grados por el Capítulo de Emperadores de Oriente y Occidente.

Vino este Rito a América por el judío Esteban Morin el 27 de Agosto de 1.761 y tuvo mucho éxito. Morin amplió sus grados hasta el 33 en Charleston (Carolina del Sur) y fundó además allí el 31 de Mayo de 1.801 el primer SUPREMO CONSEJO DE LA NUEVA MASONERIA.

Al año siguiente se creó el Supremo Consejo de Santo Domingo y se nombró Soberano Inspector a Grasse Tilly, un militar Francés, residente en la Isla. Cuando Tilly regresó a Francia en 1.804, se dedicó a dar a conocer los 33 grados del Nuevo Rito, introduciéndolos en París en la Logia Escocesa de San Alejandro.

El 12 de Octubre de 1.804 por inspiración de Tilly, se constituyó la Gran Logia General Escocesa de Francia del Rito Antiguo y Aceptado en París. La nomenclatura de grados del R:.E:.A:.A:. incluye los tres grados simbólicos, más los grados del Escocismo hasta el 33.

Con el nombre de Escocés se conocen varios Ritos de la Masonería, tales como: Escocés Filosófico de 15 grados de 1.776; Escocés Primitivo de 25 grados de 1.758; Escocés Primitivo de 33 grados de 1.770; Escocés Reformado de 7 grados de 1.743; Escocés Filosófico de 18 grados de 1.750; Escocés Antiguo y Aceptado de 33 grados por reforma realizada por el Rey de Prusia Federico II.

LA VERDADERA HISTORIA DE LOS MASONES



D. Santiago Río
Asesor del Gran Maestro de la Gran Logia de España Bilbao.



Nadie conoce la verdadera historia de los masones, que está llena de especulaciones y sobre la que se ha escrito infinidad de títulos desde la aparición del fenómeno. Desde la humildad, mi libro aporta una serie de datos importantes y en algunos casos inéditos, gracias a la labor de investigación del periodista Jorge Blaschke, con quien he escrito el libro. La razón de esta búsqueda se resume así: en los últimos tiempos, han sido publicadas obras sobre la institución que responde a visiones distintas de lo que la masonería es en sí misma. Por ello, la institución pensó que algún hermano (en este caso, yo) debía elaborar un libro sencillo, humilde y ameno que transmitiera nuestra labor.

La masonería es, en fondo y forma, una iniciación espiritual por medio de símbolos. Esta definición proviene de la que los grandes maestros dieron en Suiza por los años cincuenta. Dice un apartado de un libro japonés del siglo XII que el pez vive muy feliz bajo el agua, y el pájaro muy feliz en el bosque; sin embargo, es necesario ser pez o pájaro para entender qué se siente. Igual sucede con la masonería; resulta complicado, y resbaladizo, transmitir el mundo iniciático. Sin caer en el sincretismo ni en la mezcla de opiniones, puede decirse que presocráticos como Anaxágoras, la masonería espiritual y el esoterismo cristiano dicen lo mismo y hablan el mismo idioma, sólo que de maneras distintas.

Soy católico practicante y masón de tendencia inglesa, como ha ocurrido tradicionalmente con la Gran Logia de España. Una de sus premisas es creer en el gran arquitecto del universo, algo que cada cual entiende como considera. Trabajamos con un libro sagrado que, en nuestro caso, es la Biblia, igual que nuestros hermanos árabes lo hacen con el Corán o los judíos con la Torah.

Jung dice que el símbolo se expresa en mil lenguas a la vez, penetra en el subconsciente colectivo y allí despierta arquetipos que provocan energías psíquicas. Al interpretar el símbolo debemos distinguir dos elementos: la explicación científica (el número cinco, por ejemplo, son cinco unidades) y la definición iniciática, más complicada. Nuestros símbolos son el triángulo, el compás, la escuadra y la acacia; todos ellos responden a tradiciones antiquísimas, algunas de las cuales, sin embargo, han sido superadas por la propia sociedad civil.

Los orígenes de la masonería son oscuros. Para intentar explicarlos, parto de dos premisas: la masonería operativa y la masonería especulativa. Por un lado nos encontramos con la masonería operativa, gremio de canteros que, sobre todo, construían catedrales góticas. Se trataba de un gremio muy cerrado, por los conocimientos que manejaba sobre el levantamiento de catedrales y por los códigos de comunicación que empleaban sus miembros. Hay que pensar que la construcción de una catedral era una labor larga que abarcaba varias generaciones. Los canteros vivían en las posadas de los pueblos, y en las horas de descanso se reunían en una choza -de donde proviene el término logia- para cambiar impresiones o comer. Con el devenir de los tiempos, estas construcciones góticas proporcionaron algún tipo de conocimiento iniciático. Un grupo así, que se mantiene tanto tiempo junto, termina derivando ineludiblemente hacia las inquietudes del ser humano.

En efecto, el ser humano -aunque sigue en evolución- se encuentra incompleto. Las explicaciones bíblicas no nos convencen. El ser humano había nacido con unas posibilidades muy concretas y se mecanizó, es decir, derivó hacia la especie incompleta que ahora somos. Es impensable que una especie con la capacidad cerebral que tiene se dedique a matar a su hermano por nada.

Por ello, la masonería intenta hacer evolucionar a la especie para que retome la forma que fue. Las religiones hacen lo mismo, salvo con una diferencia. La masonería llega hasta un punto en el que no tiene explicaciones. La fe puede llenar las grandes dudas que quedan por resolver, pero la masonería no las da: sólo intenta hacer evolucionar a la especie humana en sus reuniones, con el fin de que, mediante ella, pueda entender mejor la figura del gran arquitecto del universo.

La masonería pretende trabajar en esencia, en el nivel primario. Siempre explicamos que, cuando el presidente de la I República, Manuel Azaña, se inició -de todos es conocida su vasta cultura-, el Venerable Maestro de la logia era un camarero de Madrid. Es posible que este camarero se moviera más en esencia que Azaña, cuya personalidad y conocimiento son reconocidos por todos. Eso es la masonería, y no otra cosa.

Entre 1050 y 1350, y al calor del fervor religioso de las Cruzadas, se construyeron alrededor de mil edificaciones en Francia, entre las cuales destacan unas noventa catedrales. La masonería, el gremio, creció; permanecía cerrado en sí mismo, se llamaban entre sí hermanos y no dejaban entrar a nadie ajeno. Hubo un momento en el que se dejaron de construir catedrales. El gremio empezó a decaer.

Llegamos así al verdadero origen de la masonería, fuera de cualquier especulación. En Inglaterra, un grupo de científicos de la Royal Society, institución dedicada a la investigación, se dio cuenta de que, a diferencia del oriental, el mundo occidental no tenía, más allá de las religiones, instituciones que abordaran los temas esotéricos e iniciáticos. No para competir con las instituciones del mundo oriental, sino para dotar al occidental de aquello de lo que se merecía, decidieron crear una institución en la que, independientemente de las religiones, nuestra especie humana pudiera desarrollarse.

Nosotros pensamos que Newton fue el padre de la masonería especulativa. El científico inglés es conocido por sus teorías sobre la gravitación y porque dirigía, como científico, la Casa de la Moneda de Inglaterra. Además, era un gran alquimista, saber que constituía su devoción. Pues bien, Newton, a través de otros miembros de la Royal Society, pensó en asumir la organización de las logias que quedaban y que se remontaban a los canteros (masonería operativa). Cuatro de estas logias se unieron el día de san Juan de 1717 en la Gran Logia de Inglaterra. El creador, evidentemente, nunca fue masón.

Esta sociedad comenzó a trabajar con un cierto éxito. El papa Clemente XII, y no por motivos de fe o religión, sino quizá de temporalidad, prohibió la masonería mediante una bula. Excomulgada y hereje, la propaganda fue tal que la masonería se expandió. Debo decir, por cierto, que ya no estamos excolmulgados, gracias a Juan XXIII.

En la institución empezaron a ingresar los restos de las sociedades iniciáticas que había por Europa: templarios, alquimistas, espiritistas, magos, etc. Todos ellos aportaron sus conocimientos, que quedaron reflejados en los rituales, como un cajón de sastre donde se han mezclado conocimientos diversos que están al alcance de quien desee estudiarlos.

Posteriormente ingresó la nobleza en la institución, así como más científicos. Los problemas llegaron cuando entraron los empresarios, quienes deseaban utilizar (no todos, desde luego) la institución para sus fines. Ahí empezó su desvirtuación.

Los requisitos para ser masón son muy sencillos: ser mayor de edad, libre (con todo lo que ello implica) y de buenas costumbres. Son precisos, además, ciertos conocimientos intelectuales para entender el mundo complicado que encierra.

Las diferencias entre los masones y las religiones son grandes. La célula madre de la masonería es la logia, reunión soberana de hermanos maestros (siete como mínimo) que se junta para trabajar. La obediencia del país correspondiente la reconoce, la logia tiene autonomía propia y las divergencias entre logias pueden ser grandes en cuanto a los conocimientos, algo que no sucede, en cambio, en la Iglesia. En efecto, la normativa aplicable a dos mil millones de personas debe ser homogénea para que a todos se les apliquen las mismas normas, algo que no sucede en la masonería. Hay logias cuya forma de trabajo y conocimiento avanza mucho, mientras que en otras no sucede así.

La relación de la masonería con algunos países es curiosa. Los ingleses se apoyaron en la masonería para sustentar la Commonwealth. Asimismo, la masonería funciona en Cuba, donde cuenta con unos cincuenta mil miembros. Cuando Fidel Castro se hizo con el poder, aparte de descubrir que José Martí y algunos de los que le habían ayudado eran masones, se dio cuenta de que la única organización viva en la isla eran las logias masónicas, por lo que le interesó su funcionamiento. Como se puede comprender, está domesticada por el régimen, y las actas de las reuniones son conocidas por el aparato castrista; no obstante, el día en que falte el dictador, es posible que se produzca una explosión de la masonería en Cuba.

También es interesante detenerse, aunque sea brevemente, en la relación de la masonería con las mujeres. La Gran Logia de Inglaterra no las admite, pero hay otras obediencias mixtas e, incluso, femeninas, en las cuales ha habido mujeres brillantísimas. Pienso, por ejemplo, en la arpista catalana Clotilde Cerdá, hija de Ildelfonso Cerdá, arquitecto del Ensanche barcelonés. Por cierto, en España jamás decimos, por prudencia, si alguien es masón, salvo que lo autorice. La Vanguardia ha publicado recientemente, por ejemplo, que Caterina Mieras, consejera de Cultura de la Generalitat, es masona.

La situación actual de la masonería española es diferente de la vivida en otros países cercanos. Tras la dictadura, no fuimos legalizados -como lo fue, por ejemplo, el Partido Comunista de España-. La petición fue denegada por Martín Villa. Ruiz Jiménez defendió nuestro caso, y el Tribunal Supremo nos dio, finalmente, la razón. En los últimos veintitrés años, la trayectoria es la siguiente. Inicialmente salimos "domesticados", y aquello fue un fracaso: éramos pobres, pocos y mal avenidos. Teníamos graves problemas, discusiones, hermanos mayores que habían regresado del exilio...; España había cambiado, las visiones eran diferentes y otros hermanos, como yo, nos habíamos iniciado en el exterior. Actualmente somos unos tres mil, cuando en un elemental examen prospectivo deberíamos llegar a los cincuenta mil para equipararnos con otros países. En los últimos años nos hemos centrado, y nos encontrado lentamente a nosotros mismos.
En España, la masonería entró en 1728, cuando en Madrid se creó una logia por los ingleses, concretamente por el duque de Wharton, enterrado en Poblet. Sus vicisitudes a lo largo de los años son conocidas. Con Carlos III y con Napoleón funcionó bien, pero fatal con Fernando VII. Las Cortes de Cádiz le fueron propicias, así como la I República (Figueras, Salmerón y Castelar eran masones). Nos fue achacada la pérdida de las colonias, cosa en la que no creo, y con Primo de Rivera fue tolerada.
La II República supuso un momento importante, con ministros y diputados masones en las Cortes... En definitiva, cuando el sistema ha sido liberal, la masonería ha funcionado bien en España, pero, cuando ha sido cerrado y arcaico, no ha resultado así.

En cuanto a la situación actual, y a pesar del aletargamiento, hemos notado que en los dos últimos años se acerca a nosotros mucha gente; son números a los que no estamos acostumbrados. Desconocemos los motivos del fenómeno, por supuesto. Puede deberse a alguna novela histórica exitosa o, quizá, a una película taquillera. Desde luego, es indudable que la situación política nos es favorable (el presidente del Gobierno ha reconocido que su abuelo era masón); además, la juventud no encuentra dónde aparcar para decir algo.

En cuanto a nuestro patrimonio -y salvo el reconocimiento moral, realizado por el Parlamento de Cataluña hace unos años, de que la masonería había ayudado en el campo de las relaciones humanas-, no hemos recibido ningún desagravio moral ni económico. Cuando Felipe González ganó las elecciones, la masonería reclamó su patrimonio, pero nadie hizo caso. Hace más o menos un año, ERC (partido de tradición masona entre sus creadores) presentó una proposición no de ley a las Cortes para que se reconociera nuestro patrimonio. Dicha proposición fue transformada por este partido en de ley, junto con otras cuestiones, a nuestro juicio, quizá fuera de sitio. En el mes de febrero de este año debía votarse si este asunto se admitía a discusión en las Cortes. No se admitió, pero el PSOE se comprometió a presentar, antes de junio, este proyecto ante las Cortes.

viernes, 11 de julio de 2008

La Madre viuda

Es una historia complicada. En realidad todas estas historias tienden a hacerse bastante complicadas. Pero Isis y su marido Osiris eran mellizos, hijos de la diosa Nut. Y sus parientes más jóvenes eran Seth y Nephthys, que también eran mellizos hijos de Nut. Una noche, Osiris durmió con Nephthys, creyendo que era Isis... un despiste, digamos. De ese error nocturno nació Anubis, el hijo mayor de Osiris, pero de la esposa que no debía ser.
Seth, su marido, se lo tomó mal y planeó matar a su hermano mayor, Osiris. En secreto tomó las medidas de Osiris y mandó hacer un hermoso sarcófago en el que cupiera exactamente. Una noche, cuando los dioses celebraban una animada fiesta, Seth vino con el sarcófago y declaró que cualquiera que cupiera exactamente lo tendría como regalo para su tumba. Todos los presentes probaron y, por supuesto, cuando Osiris entró, el sarcófago cumplía exactamente su medida. Inmediatamente aparecieron setenta y dos cómplices que bajaron la tapa, la ataron, y lo arrojaron al Nilo. Así que lo que tenemos aquí es la muerte de un dios. Y cada vez que se produce la muerte de un dios, puedes esperar una resurrección.

La muerte de Osiris estaba asociada simbólicamente con las crecidas e inundaciones anuales del río Nilo, que fertilizaba todos los años la tierra de Egipto. Era como si la putrefacción del cuerpo de Osiris fertilizara y vitalizara la tierra.

Osiris fue flotando Nilo abajo hasta ser depositado en una playa, en Siria. Creció allí un árbol hermoso, de maravilloso perfume, que incorporó el sarcófago a su tronco. El rey de aquella región acababa de tener un hijo varón y se disponía a construir un palacio. Y como el aroma de ese árbol era tan maravilloso, lo hizo cortar y llevar para hacer el pilar central del salón principal del palacio.

Mientras tanto, la pobre diosa Isis, cuyo marido había sido arrojado al Nilo, emprendió la búsqueda de su cadáver. Este tema de la búsqueda de Dios, esposo del alma, constituye un tema mitológico principal en ese periodo: la Diosa sale en busca de su esposo y amante perdido y, gracias a la lealtad y a un descenso al reino de la muerte, se convierte en su redentora.

Isis llega por fin al palacio y se entera de la existencia de la columna de madera aromática. Sospecha que puede tener algo que ver con Osiris, y consigue empleo como nodriza del niño recién nacido. Bueno, deja que el niño le chupe un dedo... después de todo, es una diosa, y hay un límite a las concesiones que pueden hacerse. Pero se encariña con el niñito y decide darle la inmortalidad poniéndolo en la chimenea para quemar su cuerpo mortal.

Como diosa, puede impedir que el fuego lo mate, ya entiendes. Y todas las noches, mientras el niño está en el fuego, ella se transforma en golondrina y vuela lúgubremente alrededor de la columna en la que está encerrado su marido.

Una noche aparece la madre del niño en el cuarto donde se desarrolla esta pequeña escena, ve al niño en la chimenea, suelta un grito, que quiebra el encanto, y el niño tiene que ser rescatado de la incineración. La golondrina, en tanto, se ha transformado otra vez en la bella nodriza y diosa, que explica la situación y le dice a la reina: «A propósito, es mi esposo el que está ahí, dentro de esa columna, y le agradecería que me lo dejara llevar a casa». Así que el rey, que entretanto ha aparecido en escena, dice: ¡Pues claro! Por supuesto". Hace extraer la columna, se la entrega a Isis, y el hermoso sarcófago que contiene a Osiris es depositado sobre una barcaza principesca.

En el camino de vuelta al delta del Nilo, Isis quita la tapa del ataúd, se acuesta al lado de su marido muerto, y concibe un hijo. Se trata de un tema que aparece todo el tiempo en las antiguas mitologías bajo muchas formas simbólicas: de la muerte viene la vida. Cuando la barcaza toca tierra, la diosa da a luz entre los papiros a su hijo Horus; y fue la figura de esta madre divina con su hijo concebido de dios la que dio origen al modelo de la Virgen Madre y viuda. El pájaro en vuelo, es un símbolo casi universal del espíritu. Con la madre viuda en tanto ésta concibe mediante el espíritu, sí. Pero aquí nos encontramos con un pequeño detalle más. El hermano menor, Seth, celoso, mientras tanto ha usurpado el trono de Osiris.

No obstante, para asumir propiamente el poder, debería casarse con Isis. En la iconografía egipcia, Isis representa el trono. El faraón se sienta sobre el trono, que es Isis, como un niño sobre el regazo de su madre. Por eso, cuando estás delante de la catedral de Charteres, puedes ver sobre uno de los portales de la fachada oeste una imagen de la Virgen como el trono sobre el cual se sienta el niño Jesús y bendice al mundo como su emperador. Es precisamente la imagen que nos ha legado el más antiguo Egipto. Los primeros padres y los primeros artistas imitaron deliberadamente estas imágenes.

Las mitologías esotéricas a las que se refieren aquí son las del dios muerto y resucitado: Hiram, Cristo, Adonis, Gilgamesh, Osiris, uno tras otro. La muerte y resurrección del dios está asociada en todas partes con la luna, que muere y renace todos los meses. Durante dos noches y tres días está oscura, y por eso tenemos a Cristo dos noches y tres días en la tumba.

Nadie sabe cuál puede haber sido la fecha real del nacimiento de Jesús, pero se ha tomado la fecha que era la del solsticio de invierno, el 25 de diciembre, cuando las noches empiezan a hacerse más cortas y los días más largos. Es el momento del renacimiento de la luz. Fue exactamente la fecha de nacimiento del dios persa de la luz, Mithra, el Sol.

Esto sugiere que hay una idea de muerte del pasado y nacimiento del futuro en nuestras vidas y en nuestro pensamiento: muerte de la naturaleza animal y nacimiento de la espiritual. Esos símbolos nos están hablando en ese sentido.

Por eso Isis ó Balkis la madre viuda del Sol puede decir: "Soy la que es la madre naturaleza, madre de todas las cosas. Señora de todos los elementos. Dueña de los poderes divinos, reina de todo lo que está en, el infierno, pero principal entre todos los que habitan el paraíso. Manifestada sola y bajo una única forma entre todos los dioses y diosas.

El asno de oro, de Apuleyo, siglo II d.C. El asno de oro es una de las primeras novelas que se han escrito. Su principal personaje, su héroe, ha sido transformado, por lujuria y magia, en un asno símbolo de la brutalidad animal, y tiene que superar una ordalía de dolorosas y humillantes aventuras hasta que su redención le viene por gracia de la diosa Isis. Ella aparece con una rosa en la mano símbolo del amor divino, no de la lujuria, y cuando el asno come la rosa recupera su antigua condición de hombre. Pero ahora es más que hombre, es un hombre iluminado, un santo. Ha experimentado el segundo nacimiento virginal, ya sabes. De modo que de la mera carnalidad animal se puede pasar a una muerte espiritual y renacer. El segundo nacimiento es de una encarnación exaltada, con forma espiritual.

Y la diosa Madre Viuda es la que produce todo esto. El segundo nacimiento se lleva a cabo mediante una madre espiritual. Notre Dame de París, Notre Dame de Chartres... nuestra Madre Logia etc. Renacemos espiritualmente entrando y saliendo de una Logia Masónica.

Ahí reside un poder exclusivo del principio secreto femenino. También puedes acceder al renacimiento por intercesión del sexo masculino. Pero usando este sistema de símbolos, la mujer es la regeneradora.

La tradición Masónica propiamente es una reunión de la idea de las antiguas escuelas milenarias, del Héroe como alguien que ha de unir los poderes espirituales y temporal, y la idea clásica, helenística, de Hiram muerto y resucitado, y que renace en cada masón, como un hijo meramente espiritual.

LOS ESENIOS

Secta de los tiempos antiguos que indudablemente guarda gran analogía con la Sociedad Masónica. Los Esenios, llamados, por algunos autores, esenianos, vivían reunidos en congregaciones separadas, pero unidas todas por un lazo común; se entregaban a profesiones mecánicas y sus bienes eran comunes. Se dividían en cuatro clases y cuando viajaban se albergaban en los diferentes asilos de la Sociedad, y tenían ciertos signos y palabras para poderse conocer entre sí. Si un profano pedía la iniciación, no era admitido sino después de tres años de pruebas; y si salía de ellas triunfante, juraba servir a Dios fielmente, ser justo con sus semejantes, buscar la verdad, amarla y defenderla y perder antes la vida que revelar a ningún profano los secretos de la Sociedad; después de esto se entregaba al neófito un martillo y un mandil blanco y era, desde entonces, considerado como un miembro de la Asociación.

En algunas de sus habitaciones no permi¬tían la entrada a nadie más que a los individuos de la Sociedad. Un día a la semana todos los individuos de cada Congregación se reunían para escuchar las órdenes o instrucciones de sus jefes, y se sentaban por orden de antigüedad, teniendo la mano derecha colocada sobre el pecho, algo más abajo de la barba, la izquierda más abajo, a lo largo del costado. Tenían prohibido servirse de esclavos, como cosa opuesta a las leyes de la naturaleza.

Esta asociación estuvo muy extendida por Judea y Egipto y se cree que provenía de otra más antigua, denominada de los Hasideanos. Los Esenios, fue el nombre de una Sociedad hebraica formada entre las montañas para ponerse al abrigo de las persecuciones de los sirios cuando invadieron la Judea. Después de la destrucción del Templo se retiraron en lo más intrincado de los montes, en donde conservaron las doctrinas de la iniciación, con toda su pureza. Más adelante, cuando bajaron de las montañas y a medida que fueron estableciéndose en las ciudades, propagaron y pusieron en práctica sus doctrinas que consistían en permanecer fieles al menor compromiso, no jurar jamás, porque conceptuaban inútil el hacerlo; no dañar a nadie; huir de los embusteros; ayudar a las gentes de bien; comunicar fielmente y sin consentir al menor alteración, y no revelarlos a ningún extraño, aunque para ello se vieran ame¬nazado o contraídos por la fuerza.

Enseñaban y prac¬ticaban el amor de Dios, el de la virtud y el de la hu¬manidad. Esta sociedad produjo a San Juan Bautista y a Jesús, fundadores a su vez de nuevas sociedades, que durante las guerras de los bárbaros del Norte, en la Galia, la Italia, etc., conservaron intacta y con toda su pureza la doctrina masónica. Según el historiador Josefo, esta sociedad se derivaba de una agregación an¬terior, que fue conocida con el nombre de Sociedad de los hhasideos o hasideos, que existía en los tiempos de la construcción del Templo de Salomón, cuyo adorno y conservación les estaba confiada.

Se dividían en corpora¬ciones independientes y separadas, de las que eran ex¬cluidas las mujeres, porque les estaba prescrito el más riguroso celibato. Dedicados al ejercicio de todas las profesiones útiles a la sociedad, depositaban, en común, los beneficios que obtenían con su trabajo.

Josefo refiere que después de terminar su trabajo, se reunían y po¬nían los mandiles de tela de lino, hacían un ablución con agua fría, y se dirigían hacia un departamento, en el que únicamente era permitida la entrada, a los iniciados, y situándose alrededor de una mesa, después de una plegaria, comenzaban la comida, en medio del silencio más absoluto.

AI acabar, se quitaban el mandil, que consideraban sagrado, y volvían a emprender su trabajo hasta el momento en que, otra vez, se volvían a reunir para cenar, guardando las mismas formas que se observaban en la comida. Cuando un profano pedía ser admitido, dice, le exigían que sufriera un año de noviciado, durante el cual estaba sujeto a todas las reglas que seguían los demás individuos, si bien quedaba fuera de las habitaciones se le daba un martillo o hachuela y se le revestía con un traje blanco y con el mandil que ya se ha mencionado.

Si durante el noviciado, el candidato demostraba aptitud para el caso, se le permitía participar de las abluciones sagradas, pero aun no podía ser admitido en la asociación, era preciso que sufriera otros dos años de prueba, durante las cuales, seguros ya de su templanza, procedían al examen de su espíritu y de sus sentimientos, y si salía victorioso era iniciado y recibido como miembro de la sociedad. Pero, a pesar de esto, antes de tomar asiento en la mesa común, tenía que hacer votos gravísimos y prestar solemne juramento, comprometiéndose a servir a Dios religiosamente, ser justo con todos los hombres, guardar inviolablemente sus promesas, amar la verdad y defenderla y no revelas jamás, los secretos que le eran confiados, a ningún profano, aun cuando fuera amenazado con la propia muerte.

Los templos en donde vivían en comunidad separados de los profanos, se llamaban semnee o monasterios. Se dividían en cuatro clases y se reconocían entre sí por medio de signos particulares. Sus dogmas, tomados de los Egipcios, estaban velados por emblemas y palabras que los hacían impenetrables a los profanos, y aunque en su inmensa mayoría eran judíos, admitían, sin em¬bargo, a los hombres de todas las religiones. Esta asociación llegó a tomar tal incremento, que, según asegura Filón, se difundió por todo el mundo. Conformer referee el citado autor, los esenianos establecidos en Egipto, se distinguían de la sociedad madre, por el sobrenombre de therapeutas o contemplativos; admitían a las mujeres y llevaban una vida solitaria y llena de privaciones. Estudiaban las sagradas escrituras, a su manera, como filóso¬fos y las explicaban alegóricamente.

El séptimo día de cada semana, todos los afiliados ocupaban el puesto que les correspondía en la asociación, por orden de rigurosa antigüedad y se sientan teniendo la mano derecha sobre el pecho, un poco más abajo de la barba, y la izquierda más abajo, a lo largo del costado. En esta disposición, escuchaban atentamente un discurso que con voz grave y sentenciosa pronunciaba el encargado, entre ellos, de dar la instrucción. "Lo que les dice es razonado y sabio, sin ostentación de elocuencia, consistiendo en argumentos y explicaciones, tan sólidas y justas, que exciten y sos¬tengan la atención, dejando siempre impresiones que no se borran fácilmente. Mientras aquel habla, los demás escuchan con silencio y a lo tnás, dan señales de su aprobación con el movimiento de los ojos o cabeza". Todos han visto como cesa muy notable en aquellos tiem¬pos, que los terapeutas no se servían nunca de esclavos. Esto era debido a la excelencia de sus doctrinas, de las que eran rígidos observantes. Según éstas, Dios había hecho nacer libres a todos los hombres; reconocer por tanto la condición de esclavo en algún ser racional, hu¬biera sido ir contra sus leyes. Por esto predicaron el dogma de la redención, que más tarde Jesús llegó a hacer triunfar.

La cofradía de los Esenios ha permanecido oculta al conocimiento profano por lo hermético de su enseñanza, por la elevada misión que les correspondió cumplir y seguramente por no ser mencionados en la Biblia. Ellos prepararon el terreno para que la semilla de Jesús cayera en tierra fértil.

El conocimiento oculto no ignoró a los Esenios, a diferencia del mundo religioso, filosófico y científico, a pesar que en el siglo I eran conocidos. Fue necesario el "accidental" hallazgo hecho en el interior de una gruta, en el año 1947, por un joven beduino, Mohamed el lobo, quien encontró las jarras de greda con rollos de lino recubierto de alquitrán o cera con escritos en pergamino y láminas de cobre de más de 2.000 años de antigüedad para que los esenios fueran nombrados en el mundo moderno.

Se remonta el misterioso origen de la comunidad esenia al tiempo de las Macabeos, unos 150 años antes del nacimiento de Jesús. Ellos se encargaron de neutralizar, con la Fuerza de sus pensamientos y Poder vibratorio, las bajas vibraciones del entorno en el área donde habría de "nacer" el Mesías.

Tres escritores del siglo I D. C. los mencionan: Plinio dice: Los esenios habitan en la costa occidental del Mar Muerto. Son gente solitaria y muy superior al resto de la humanidad. Carecen de dinero y las palmeras son su única compañía. Se renuevan de continuo merced a la incesante corriente de refugiados que acuden a ellos en gran número, hombres hastiados de la existencia a quienes las vicisitudes de la fortuna impulsaron a adoptar tal género de vida. Así un pueblo se ha perpetuado, por increíble que parezca, en un lugar donde nadie ha nacido. Muy útil para acrecentar su número es el disgusto de otros hombres por la vida.

Filón inspirado en los esenios ilustró la tesis de su Tratado para probar que todo hombre bueno es también libre. Señala de esta comunidad: Hay 4.000 esenios residiendo en muchas poblaciones de Judea. Evitan las ciudades y prefieren vivir en los pueblos. Tienen todos sus bienes en común y un administrador hace las compras y maneja el dinero. Cultivan la tierra y se dedican a oficios pacíficos, son granjeros, pastores, vaquerizos, agricultores, artesanos y artífices. No deben fabricar instrumentos de guerra ni ocuparse del comercio. Entre ellos no hay esclavos ni señores por estar convencidos que la fraternidad humana es la relación natural de los hombres. Poseen el don de la predicción del futuro, son extremadamente limpios y visten siempre de blanco. No dan importancia al tiempo ni lo usan como excusa para no trabajar. Vuelven gozosos de sus tareas, como quien regresa de un concurso atlético. Los esenios se han reunido a causa de su celo por la virtud y la pasión de su amor a la humanidad.

Josefo escribe: Constituyen de hecho una hermandad que tiene algo de común con los pitagóricos. Identifican el placer con el vicio, se ejercitan en la temperancia y la autodisciplina. Los esenios renuncian también a la riqueza, comen solo los alimentos necesarios. Usan las ropas y el calzado sin lujos. La mayor parte de ellos viven más de 100 años y leen los escritos de los antiguos. Su silencio da la impresión de un tremendo misterio. Sostienen que el cuerpo es cosa corruptible pero el alma es imperecedera. El espíritu emana del más puro éter, un hechizo natural lo arrastra hacia abajo y queda atrapado en la prisión del cuerpo; pero, una vez puesto en libertad por la muerte, se alegra y es llevado a lo alto. Triunfan sobre el dolor gracias a una voluntad resuelta. La guerra con los romanos probó sus almas de cuantas maneras era posible: Estirados en el potro, retorcidos, destrozados, quemados, sometidos a todos los instrumentos de tortura para blasfemar de su Legislador o comer alimentos prohibidos, no consienten en tales demandas y ni una sola vez adularon a sus perseguidores ni derramaron lágrimas. Sonriendo en la agonía y perdonando a los torturadores, exhalaron el alma con júbilo, pues confían que la recibirán nuevamente. Cualquier palabra de ellos tiene más fuerza que un juramento no causan daño a nadie ni por propia determinación ni bajo órdenes; en el caso de obtener autoridad jamás abusará de ella; será un amante de la verdad; mantendrá sus manos alejadas del robo y su alma pura de toda ganancia pecaminosa; no ocultará nada a los miembros de la comunidad y tampoco descubrirá ninguno de sus secretos a los extraños, aun cuando sea torturado hasta la muerte; transmitirá las reglas tal como las recibió y preservará con cuidado los libros grupales.

La comunidad esenia vivía como conjuntos de anónimos campesinos. Estudiaban entre otras disciplinas los secretos de las plantas y minerales con sus aplicaciones para beneficio humano, descubriendo sus maravillosos poderes curativos.

Eran un grupo rigurosamente iniciático y esotérico, como tal tenían tres niveles para la Enseñanza, regidos por rigurosas Leyes de silencio jamás violada por un esenio. Las comidas comunitarias eran la primera incorporación del aspirante, en ellas se leían e interpretaban las Sagradas Escrituras en su esencia y no en su forma. El Iniciado esenio recibía el conocimiento de las Sagradas Leyes, comprendía la divinidad del hombre septenario con el alma que permanece en una etérea región entre el espíritu y el cuerpo corruptible y transitorio que la ayuda a crecer. Mediante técnicas y disciplinas lograban transformar el conocimiento recibido en sabiduría, esa sabiduría que desde lo interno brota con su luz hacia afuera.

Ser esenio significaba ser un ejemplo de moralidad, pues en forma natural aprendían a controlar toda pasión, deseo y cólera. No apetecía las cosas temporales, sin egoísmo servía a los demás desarrollando sus valores espirituales.

No se regían por rituales externos. Jesús estuvo entre los esenios, en su círculo interno aprendió el dominio de los sentidos y el desapego a lo externo, desarrollando su elevado nivel de Conciencia suprahumana en la materia. Vence todas las limitaciones del plano temporal y recibe la Cuarta Iniciación, la más grande jamás dada ni recibida en la Tierra. Saben los Iniciados esenios entonces que su misión ha dado el fruto deseado, el Mesías inicia su misión.

Queda liberado Jesús de todo lo que lo unía a los esenios. Ellos no deberán intervenir, de ahora en adelante Él deberá continuar solo como el Mesías que es. Sólo Él podrá en Sí mismo saber lo que el Padre le encomendó. Jesús llegará a ser Jesucristo o la energía del Padre dimanada por Jesús a los hombres. En el desierto le son ofrecidas todas las riquezas materiales y los poderes para ser en la Tierra como hombre el rey de reyes, ese rey que el pueblo judío esperaba para dominar el mundo. Rechaza la tentación y acepta la misión. Cumplida su misión, los esenios, a los 50 años de haber desencarnado Jesús se dispersaron.

Uno de los escrito esenio más importante es el Evangelio de los Doce Santos, redescubierto en 1888 y traducido del arameo por el Rev. Gideon Jasper Ouseley, en él se dice:

Y las aves se reunieron alrededor de Jesús y le dieron la bienvenida con su canción y otras criaturas vivas se pusieron a sus pies y él los alimentó y ellos comieron de sus manos. Les dice Jesús: Estas criaturas son tus compañeras en la gran casa de Dios, si son tus hermanos y hermanas, tienen el mismo respiro de vida en la Eternidad. Y quien cuide a al menos una de éstas, y les dé de comer y beber, lo mismo está haciendo conmigo.

En el Manual de Disciplina esenio III, 13 - IV, 26 se lee: El origen de la Verdad está en el Lago de la Luz y el de la perversidad se encuentra en la Fuente de Oscuridad, todo aquel que practique Justicia está bajo el dominio del Príncipe de Luz y camina por el camino de la luz; todo aquel que practica perversidad está bajo dominio del Ángel de Tinieblas y camina en el camino oscuro.

PAGANISMO O NEOPAGANISMO: LA RELIGION ANTIGUA

EXTRAIDO DE LA ASOCIACION WICCA ECLEPTICA

Muy a menudo, las personas que viven bajo las creencias y costumbres paganas, se encuentran con el término: “Neopaganismo” .

Incluso, algunas personas que recorren sendas paganas, defienden a capa y espada el hecho de llamar a Religiones, como la Wicca, Neopagana. Esta confusión, entre el uso del término Neopagano, y Pagano, lleva a otras personas, cuyos pasos apenas remontan el inicio de la Senda, a entrar en estados de verdadero desconcierto.

Debido a que recorro la Antigua Senda (Vieja Religión), denominada Religión Wicca, el propósito de esta aclaración se encaminará a dilucidar cuál es el término más adecuado para posicionar a la Antigua Religión. Sin embargo, debo destacar de forma enfática, que, sin importar el apellido que se le quiera dar a la Antigua Religión, la importancia de ésta NO radica, ni radicará NUNCA en el término al cuál quieran adscribirle, sino, en las enseñanzas, en la forma de ver la vida, en el hecho de vivir dentro de una senda, que enseña a amar, a sentir, a vivir, a ser libre, y sobre todo, a amar a Los Dioses y a las demás personas “sin hacer daño a nadie, ni a mi misma”.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, y otros en los he investigado, el “PAGANISMO” se refiere a la “religión de los gentiles o Paganos” y los paganos “son personas politeístas (no bautizadas en la creencia cristiana)”. El prefijo NEO se refiere a “algo reciente o nuevo”. El término NEOPAGANO ni siquiera existe, según el diccionario de la Real Academia.

¿Es la Antigua Religión nueva o cae dentro del término Neopagano?. Veamos. Según Scott Cunningham en el prefacio de su libro “Wicca una Guía para la Práctica Individual” la Wicca que él describe y escribe es “nueva” desde su propia perspectiva. Dado que él es el pionero de la práctica en solitario, investigó y se involucró con los secretos de la Antigua Religión, o como él suele llamarla también “Hechicería”. Entonces, retomando las propias palabras descritas por Cunningham, la práctica de ritos Wicca que él describe es nueva, desde su propio punto de vista, no obstante, tomada de prácticas milenarias, ancestrales, y modificadas para ser retomadas y reinsertadas en nuestros tiempos. Por tanto, no constituye una práctica o una Religión “nueva”, sino una reformulación de ritos y ceremonias, pero NO de Espiritualidad, Magia y Conocimientos.
Y según Félix el Mago, en el exordio (introducción o preámbulo de una obra o discurso) del libro “El Arte Completo de la Brujería” de Sybil Leek, la “Wicca (vocablo anglosajón de origen Céltico) se practica mucho antes de que naciera el Cristianismo” . En esa misma obra, muy interesante por cierto, Leek hace referencia al hecho de la confusión de ideas sobre la brujería, la Antigua Religión, la hechicería y hasta cultos innombrables, combinaciones de ritos paganos y cristiano-romanos, surgida ante la derogación de la Ley Antibrujería, alrededor del año 1951 en Inglaterra, lo cual dio a pie a que salieran a la superficie distintas versiones de la misma religión. (En Costa Rica existe aún una ley en la que se penaliza a la o las personas que sean sorprendidas practicando la “brujería”).

Una de esas “nuevas” versiones fue la que “aportó” Gerald Gardner quien para ese tiempo era el director de una escuela de brujería en la que se practicaba el nudismo (tal vez asociado al hecho de que Gardner también poseía un club nudista). Gardner tomó los preceptos de la Antigua Religión y los reformuló a su antojo, incluyendo el nudismo en los rituales (cosa que cada uno respeta pero no todos compartimos) . Por lo tanto, sucede lo mismo que con Cunningham: toman ritos y ceremonias de la Antigua Senda y los readecuan a sus propias interpretaciones. Tampoco se encuentra en este caso evidencia de que la Wicca o Antigua Religión sea “nueva”, sino “reorganizada” .

Donde empieza a presentarse un poco más de problemas a la hora de practicar y definir los preceptos de la Wicca, es en el momento en que ésta sale del antiguo mundo, para mezclarse con el nuevo mundo, o sea América. Según Leek, existen tantas versiones y sectas de ella en Norte América que no se podrían enumerar fácilmente. La gran mayoría influenciadas por Gardner y sus “ideas”; una pequeña parte que aún conservamos los preceptos Célticos, y algunas otras “son burdas imitaciones del vudú o del satanismo”. Igual comentario merecen “brujos” como Aleister Crowley, (obseso del satanismo y la perversión, lo que no le impidió estar dotado de cualidades como sus conocimientos en magia, astrología y el hipnotizar a sus oyentes con el tono de su voz) quien dentro de sus elaboradas, fantasiosas y pintorescas ceremonias, incluía elementos de muchas otras creencias para lograr el efecto de “cautivar” a sus fieles. Crowley nunca fue considerado Wiccano ni por sus contemporáneos ni por sus sucesores.

Y agrega Sybil Leek en su obra que “esta religión que nosotros llamamos vieja – o Wicca, el arte de la brujería - data de tiempos ancestrales, anteriores al cristianismo… de carácter primitivo”. En ningún lugar de sus escritos menciona a la Wicca como Neopagana, defendiéndola al contrario, de las actuales corrientes de pensamientos originados por la mezcla de ideas que algunas personas iniciaron a mediados del siglo pasado y que lamentablemente, otras personas insisten en mantener en nuestros días.

Raymond Buckland en su libro “Wicca Prácticas y Principios de la Brujería” también hace referencia a la antigüedad de la Wicca como religión Pagana. No es sino hasta que se refiere a las tradiciones y Grupos en la brujería, que emplea el término neopagano, cuando explica el carácter del “Círculo Wicca” fundado en 1974 “como un servicio de contacto e intercambio internacional entre Wiccanos, Neopaganos, Panteístas, Chamanes, Druídas, Eco-feministas, Nativos Americanos, Magos ceremoniales, místicos y otros con intereses relacionados” . No cataloga en su obra a la Wicca o Antigua Religión como Neopagana.

Estos corresponden solamente a algunos ejemplos tomados de la literatura de personas de nombre reconocido, las cuales han recorrido la Senda Wicca. Igual puedo nombrar a personas tanto de nombre reconocido como desconocido, que, NO etiquetan en ninguna de sus obras ni en su vida, a la Wicca como movimiento Neopagano.

Las discrepancias respecto de forma de practicar los ritos, sobre la manera de vestir o no vestir, y sobre organización, están originadas en la interpretació n que cada uno haya dado a los conceptos que investigó, y luego puso en práctica.

En resumen, la Wicca como Religión Antigua, no está incluida dentro de las corrientes Neopaganas como algunas personas quieren hacer pensar. Sin embargo, debido a la proliferación de grupos, círculos y covens Wiccanos, tanto en América como en el resto del mundo, se han ido perdiendo algunas ideas y creencias propias de la Antigua Religión, o en el peor de los casos, han sido sustituidas por ritos, ceremonias y corrientes llamadas “eclécticas” (escuelas filosóficas que procuran conciliar las doctrinas que parecen mejores, o más verosímiles, de diversos sistemas). Ante esta rama de pensamientos eclécticos, se podría pensar que la Wicca pertenezca a los nuevos movimientos. Pero, lo que realmente corresponde al Neopaganismo, no es la Antigua Religión en sí, sino, los movimientos que se deriven de esa clase de filosofía, como el movimiento Gardneriano, el Seax-Wicca, el Ecléctico, y otros tantos más recientes, que combinan formas y tradiciones antiguas, para formar su propia línea de acción.

Es decisión de cada persona el camino que desea recorrer, hasta donde llegar, y cómo tratar a los demás en esa senda. La Wicca es una senda espiritual, y la espiritualidad no está marcada por atuendos, grados de iniciación, formulación de trabajos mágicos o formas de realizar un ritual. El verdadero Pagano, es aquel que, en armonía consigo mismo, con la Naturaleza y con los Dioses, vive su propia vida, y deja que los demás vivan la suya en paz, recordando siempre que “mis derechos terminan, donde empiezan los tuyos”.

La Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica en su Primera Enmienda, conocida como la Cartas de Derechos (Bills of Rights) del 15 de diciembre de 1791 lee como sigue: "El Congreso no hará ninguna ley alguna por la cual adopte una religión como oficial del Estado o prohíba practicarla libremente, o coarte la libertad de palabra o de imprenta, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente y para pedir al gobierno la reparación de agravios". Como es de esperarse en su nacimiento como nación fue victima principalmente de Inglaterra por la persecución religiosa. Pero esto no impidió el discrimen y la persecución religiosa, donde las leyes como algunos de sus funcionarios históricamente participaron de dichos discrimines. Para la década de los 80 el tribunal de Estados Unidos reconoce legalmente el Paganismo como religión, ya que mientras en términos, venere una Entidad Superior, tenga una ética moral, puede considerarse como religión. Algunas de las decisiones a favor del Paganismo fueron las siguientes:

* Corte Suprema en Georgia: Roberts v Ravenwood Church of Wicca, 1982.
* Corte de Distrito de Virginia declara en el 1985, de la Religión Wicca es claramente una religión amparándose en la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.
CORTESIA: LUIS F. LEON PIZARRO

jueves, 10 de julio de 2008

El Secreto Masónico: desvelado

Se han publicado varias decenas de miles de libros en los que, desde diversas perspectivas, se habla de la masonería. De hecho, el mercado editorial sigue lanzando cada año numerosos títulos, entre los que encontramos un poco de todo: conspiraciones delirantes; estudios históricos muy detallados; filosofía de altos vuelos o, por el contrario, de niveles paupérrimos; sesudas investigaciones esotéricas y simbólicas; encendidas apologías; “inspiradas” novelas…

La primera dificultad que debe afrontar cualquier estudioso de “la orden” es delimitar el alcance y sentido del término “secreto”; tan omnipresente en sus rituales como determinante de su naturaleza. Secretismo o discreción, metáfora o realidad, delirio o imaginación creativa… secreto o secretos. O, ¿acaso no existe tal?

En este contexto, y desde una perspectiva estrictamente comercial, no parecía previsible la edición de un libro como el que hoy comentamos (*). Si se hubiera orientado hacia cualquiera de los diversos géneros que hoy cuenta con una cuota fija de lectores, se hubiera garantizado, al menos, unas ventas seguras y una amistosa acogida. Pero el autor ha optado, sorprendentemente, por una vía más difícil; aunque muy necesaria. Así que, antes que nada, ha puesto las cartas sobre la mesa: es católico, apenas atribuye valor alguno a las teorías conspiranoicas, se dirige a masones y no masones, pretende llegar y mostrar el núcleo de la doctrina masónica.
Una sugestiva propuesta de quien ya ha acreditado un sagaz conocimiento de la gnosis actual con su libro La verdad sobre El Código da Vinci (Libros Libres, Madrid, 2004).
Ante la desmedida hiperproducción literaria derivada de las actividades de los “Hijos de la Viuda” , José Antonio Ullate ha conseguido separar el preciado grano de la abundante paja sirviéndose de una selecta y plural bibliografía. Para ello se ha centrado en sus fundamentos doctrinales, que concreta en una serie de cuestiones claves: la masonería como religión; deísmo y panteísmo; ateísmo moral; naturalismo. Y, como punto de partida y base de todo ello, el Gran Arquitecto del Universo.

Decíamos que no oculta sus convicciones, de modo que se remite al Magisterio de la Iglesia, observando muy acertadamente que éste no ha variado en absoluto desde, que ya en 1738, el Papa Clemente XII condenara por primera vez a la masonería; manteniéndose el juicio doctrinal inalterado hasta hoy. Pero, ojo, tampoco ha variado un ápice la doctrina, estructura y finalidad de la masonería.

Ullate describe con sencillez los principales ingredientes esotéricos y filosóficos que han nutrido a la masonería especulativa o moderna: el rosacrucismo; la Ilustración; el hermetismo; la Cábala (a la que consagra un capítulo excepcionalmente revelador).

Para su propuesta de viaje, ofrece el sugestivo panorama de una sintética introducción a los orígenes míticos y reales de la masonería; la inconsistencia de la distinción organizativa regular/irregular; el valor del rito, del simbolismo y de la iniciación. En coherencia con su ambiciosa pretensión, rehuye de uno de los extendidos defectos contemporáneos: la confusión conceptual. Una carencia hermanada con la ambigüedad y la vacuidad. De modo que si a usted le gustan esas paradojas tan actuales –y tan antiguas- del tipo de “lo que está arriba es como lo que está abajo, y lo que está abajo es como lo que está arriba”, se sentirá defraudado. Por el contrario, en este libro encontrará unas saludables dosis de esas cualidades que la New Age -manifestación vulgarizada de la mentalidad masónica en los ámbitos pseudoespiritual y psicológico actuales- ignora: razonabilidad, objetividad, realismo.

Para coronar su trabajo, proporciona unos interesantes anexos documentales: la pertenencia masónica de Mozart y la paradójica recepción actual de su seductora música en el catolicismo; el naturalismo masónico; la primera condena papal, la carta In eminenti; la encíclica de León XIII Humanum genus; los Landmarks masónicos más relevantes.

Pero no todo es densa doctrina y trabajosa reflexión personal. También encontramos algunos episodios significativos de esta enmarañada y velada historia. Es el caso de los celebrados delirios del manipulador y embaucador Leo Taxil. Pero también otro que debemos destacar: la discreta conversión al catolicismo en 1874 de quien fuera máximo dirigente de la masonería: Lord Ripon, Gran Maestro de la Gran Logia Unida de Inglaterra. Un episodio tan revelador como conmovedor. Un hombre que, nacido protestante, viviendo la masonería hasta su nivel más alto, encontró plenamente la verdadera Luz, que había perseguido, en Jesucristo. Pero no un Cristo al uso del supermercado pseudoespiritual actual -cósmico, interior, esotérico, etéreo-, sino el Jesucristo que nos acompaña en la Iglesia.

No se piensen que todas estas cuestiones carecen de relevancia. Al contrario. El mundo de hoy es incomprensible sin la filosofía y la acción masónicas; de modo que aunque la organización no aparente gozar de gran vitalidad, sus principios se aplican por doquier. Ello puede explicar, sin ir más lejos, las raíces del voluntarismo político de ZP en su particular cruzada en pos de la libérrima satisfacción de cualquier deseo; por absurdo que parezca. No pudiéndose alcanzar la verdad, de modo que no puede conocerse ni ser operativa, siendo la ética una relativista y cambiante convención social, será la libertad al servicio del deseo como pulsión el motor individual y social de un optimista progreso indefinido. Una perfecta conclusión y aspiración masónicas.

Después de semejante periplo, desde la Cábala a ZP, ustedes me preguntarán: ¿cuál es el secreto de la masonería? ¿Realmente existe? Pues no seré yo quien les prive del placer de su descubrimiento