jueves, 10 de julio de 2008

Los Papas Masones al descubierto

Por: Eduardo Seleson
Los Papas Masones Para que no quede duda en el sentido de que la Francmasonería no se encuentra reñida con la religión, ni del tipo de enseñanzas que dentro de la hermandad se adquieren, señalaremos que el Papa Pio IX fue masón conocido en el mundo profano como Juan Ferreti. Hemos de aclarar que al ser elevado a sumo pontífice, desde un tiempo antes, había decepcionado a la hermandad y el 9 de noviembre de 1846, publicó una encíclica contra la francmasonería.

Hace unos años, el ilustre profesor y licenciado Alfonso Sierra Partida, intento publicar en los periódicos de la ciudad de México D.F., una copia del acta de iniciación en una Logia de París, donde se deja asentado que los profanos Angelo Roncalli y Giovani Montini habían sido elevados el mismo día para ser iniciados en los Augustos Misterios de la Francmasonería. La prensa de esa ciudad ni del País aceptaron dicha publicación, razón por la cual, el propio Maestro de su peculio mando sacar copias, las cuales circularon profusamente entre los círculos masónicos del País.

Angelo Rocalli y Giovani Montini, serian con el tiempo mejor conocidos como los Papas Juan XXIII y Paulo VI, quienes habrían de introducir grandes reformas a los cultos católicos con el fin de adecuarlos a los tiempos modernos en que vivían.

De las grandes reformas que introdujo el Papa Juan XXIII, se encuentran en el Concilio Ecuménico Vaticano II, y vemos que dentro de las fundamentaciones que se hacen, muchos se basan en los Principios y Postulados francmasónicos.

Vemos también o nos preguntamos.¿Qué justificación tuvo Juan XXIII, para decretar la abolición de las Bulas excomulgatorias que hasta antes de su arribo al trono de San Pedro aun tenían vigencia?En el año 1935 Angelo Rocalli, Arzobispo de Mesembria, delegado Apostólico en Turquía, por los tiempos de la guerra que corría, al igual que otros sacerdotes y religiosos, se ven obligados a vestir ropas de laico.

Es precisamente en esa época en que es invitado a ingresar a una sociedad iniciatica heredera de las enseñanzas Rosacruz y, que tanta fuerza le dieran en el pasado Lois Claude de San Martin el Conde de Saint Germain y el conde de Cagliostro.Pier Carpi, serio investigador periodístico y en un tiempo fuerte detractor de todo tipo de sociedades iniciaticas o secretas, es el, paradójicamente, quien habría de encontrar en el transcurso de sus pesquisas, las pruebas documentales de la iniciación masónica en Turquía de Angelo Roncalli (Papa Juan XXIII).

Este gran periodista relato el proceso de esa iniciación y describe ampliamente el Ritual de la misma. Así mismo cuenta que en una de las Tenidas celebradas en Logia abierta, Angelo Roncalli cae en un trance místico de larga duración y es precisamente en estas circunstancias cuando dicta sus ya famosas profecías.

Los detalles de esta historia se encuentran en la obra "Las Profecías de Juan XXIII" de Pier Carpi y publicada por ediciones Martínez Roca (España).Las acusaciones de Lefevbre han llegado a establecer un vinculo cierto entre San Pedro y la Masonería. Il Borghese, Semanario de la extrema derecha italiana, también habló de una larga lista de prelados masones pellegrino, Arzobispo de Turín; el secretario de Estado Villoti; Poleti Vicarios de Roma; el belga Suenens y hasta el secretario privado de Pablo VI, Pascuale Macchi, que estaba inscrito en la masonería desde el 23 de abril de 1958, cuando era secretario del arzobispado de Milán monseñor Montoni entre otros.
El Gran Maestre de la masonería italiana, Lino Salvan, medico socialista, ha sido frecuentemente identificado como portavoz más escuchado de la organización masónica dentro del Vaticano y uno de los artífices de la paz entre ambos dominios, en septiembre de 1976.Nunca se supo porque Pío XII le negó siempre a Gionani Montini (Paulo VI) el cardenalato. El 24 de noviembre de 1958, 20 días después de ser elevado al trono de San Pedro, Angelo Roncalli (Juan XXIII) nombra 23 nuevos Cardenales entre ellos se encuentra Giovani Montini.Juan XIII en 1960 da su anuencia para que se proceda a que se realicen estudios sobre las sociedades esotéricas e iniciáticas y sus relaciones con la Iglesia. Durante el transcurso de las investigaciones se detecto que las claves de los TEMPLARIOS, ROSACRUCES, organizaciones Masónicas y Martinistas, nunca se extraviaron o se perdieron para siempre, sino que de vagar de una organización a otra, siempre estuvieron celosamente guardadas en el seno de la propia Iglesia.

En el pasado existieron pontífices que tuvieron una estrecha relación con sociedades esotéricas y de tradición eminentemente oculista, como lo fueron Benedicto IX (1032 - 1034) Bonifacio VII (984 - 985).Fueron católicos y fieles practicantes los mas grandes maestros de la tradición esotérica de alta escuela: Nostradamus (Ocultista y Astrólogo); Cornelio Agrippa (Ocultista y esoterista); San Alberto Magno (astrólogo); Santo Tomas De Aquino (mago blanco y discípulo de Alberto Magno) Leonardo Da Vinci (mago esoterista, ocultista y diseñador)En el caso muy particular de Cagliostro que fue perseguido por la Inquisición, siempre defendió la intima relación y validez entre lo esotérico y lo exotérico.
Prosiguió los debates teológicos con el respetado Gran Maestro Manuel Pinto de Fonseca, a cuya presencia le condujeron el alquimista Fray Umile y su guía espiritual Alhotas. Debate que continuaría con el Papa Clemente XIII, del que se hiciera gran devoto amigo.La prueba vital de que existe mas información sobre esoterismo, magia y ocultismo y Francmasonería en bibliotecas no masónicas, la tenemos en la persona de Alphonsse Lois Constant, mejor conocido entre los estudiosos de esoterismo como Eliphas Levi Zahed, el cual estudio y se ordeno sacerdote en el seminario de Saint Sulpice. Por esta situación tan especial, tuvo acceso a todas las bibliotecas de conventos y seminarios de la época.

El hecho de poseer una amplísima cultura y el de hablar varios idiomas le facilito el poder consultar antiguos y raros documentos que supuestamente la inquisición había hecho pasto de la llamas. Por esta razón y su espíritu liberal, pronto fue considerado como peligroso dentro de la propia iglesia católica. Siendo repudiado por ella en el año 1841. Perteneció a diversas organizaciones masónicas, entre las que podemos enumerar "la fraternidad masónica del Gran Oriente de Francia"; "La Hermandad de la Luz" y la "Sociedad Rosacrucians De Anglia".Después del resultado de las investigaciones ordenadas por el Papa Juan XXIII y complementando los estudios de Levi Zahed, daría inicio al proceso que condujo a la eliminación de las Bulas de excomunión de la Francmasonería.

Arqueólogos desvelan el misterio de la reina de Saba




Un equipo de arqueólogos alemanes de la Universidad de Hamburgo conseguió acabar con uno de los mayores misterios de la antigüedad al encontrar los restos del palacio de la legendaria reina de Saba en la ciudad santa de Axum, en el estado federado etíope de Tigray. El profesor Helmut Ziegert, del Instituto de Arqueología de la Universidad de Hamburgo, que dirige el equipo, está además convencido de que en un altar levantado en el palacio y orientado hacia la constelación de Sirius reposó durante largo tiempo el Arca de la Alianza que contenía las Tablas de la Ley de Moisés."
Todo cuadra. Los detalles, la datación y la orientación del edificio", dijo Ziegert, cuyo equipo realizó el descubrimiento durante la actual campaña de excavaciones de primavera en la antigua capital de un imperio que abarcó desde Yemen hasta el este de Sudán, controlando el comercio entre África y Asia.Datada hace unos 3.000 años, la residencia de la reina Makeda, como se llama a la reina de Saba en Etiopía, ha sido hallada bajo los muros del palacio de un antiguo rey cristiano en la capital de la iglesia ortodoxa etíope y la ciudad mas sagrada del país.El mayor tesoro que albergaba el palacio de la legendaria reina era probablemente el Arca de la Alianza, un cofre de madera de acacia negra recubierto de oro en el que, según fuentes históricas y religiosas, se guardaban las tablas con los Diez Mandamientos que Moisés recibió de Dios en el monte Sinaí.Ziegert subrayó que su equipo ha dedicado los últimos nueve años a investigar como llegó el judaísmo a Etiopía en el siglo X antes de nuestra era, a la vez que trata de localizar el emplazamiento actual del Arca de la Alianza.
Añadió que las investigaciones han revelado que el palacio original de la reina de Saba fue trasladado poco después de su construcción y levantado de nuevo orientado esta vez hacia la estrella de Sirius. El equipo de científicos de Hamburgo presume que Menelik I, rey de Etiopía e hijo de la reina de Saba y del rey Salomón de Jerusalem, según la tradición de la iglesia ortodoxa etíope, fue quien ordenó levantar el palacio en su emplazamiento final.Las numerosas ofrendas que los científicos germanos encontraron en torno al lugar donde debió de estar el altar han sido valoradas por los expertos como una clara señal de que la especial relevancia del lugar se ha transmitido a lo largo de los siglos.Los últimos resultados de las investigaciones realizadas en Axum indican que, con el arca de la Alianza y el judaísmo, llegó a Etiopía el culto a Sothis, que se mantuvo hasta el siglo VI de nuestra era, explicó Ziegert.Dicho culto, relacionado con la diosa egipcia Sopdet y la estrella Sirius, traía consigo que todos los edificios de culto se orientasen hacia el nacimiento de esa constelación.El jefe del equipo de arqueólogos y científicos alemanes subrayó que los restos encontrados en las excavaciones de sacrificios de reses vacunas son una característica también del culto a Sirius practicado por los descendientes de la reina de Saba.El Antiguo Testamento habla de una reina de Saba, cuyo nombre propio omite, que visitó Israel y regaló grandes tesoros al rey Salomón, del que le impresionó su sabiduría y que le hizo convertirse al monoteísmo y ensalzar a Yavéh.La tradición religiosa etíope asegura que de la breve relación entre la reina de Saba y el rey Salomón nació un hijo, que posteriormente sería conocido como Menelik I, rey de Etiopía, quien presuntamente se llevó el Arca de la Alianza desde Israel a su país.

sábado, 5 de julio de 2008

GEOMETRIA ELEMENTAL



Por Anselmo


Iniciamos con este trabajo un "repaso" de las enseñanzas que recibimos de geometría, con la diferencia de que lo haremos desde el punto de vista tradicional y masónico. La enseñanza que se ofrece en la actualidad sobre tales materias se limita a lo puramente especulativo y cuantitativo, creyéndose que ese aspecto es el único que tiene utilidad en la vida cotidiana. Se olvida, en definitiva, el punto de vista cualitativo, que es en donde se halla su verdadero sentido y esencia para lograr una mejor comprensión del mundo en que vivimos.Nos proponemos estudiar de nuevo esta ciencia, aunque eso sí, desde una óptica diferente. Exteriormente nada cambiará, interiormente todo será distinto. Para ello recurriremos a los sabios tradicionales, y de entre ellos hemos de empezar necesariamente por el pitagórico Euclides (330-275 a.C.), uno de los ilustres ancestros de la Masonería.Se dice que todas las definiciones, teoremas, postulados, etc., expuestos por Euclides en sus Elementos, tal vez no fueran del todo suyos, pues él no hace sino recoger las enseñanzas de los pitagóricos, y es innegable que supo reunir, estructurar, sistematizar y añadir lo necesario a la ciencia geométrica. Y lo hizo de modo magistral, y cuya validez indiscutible llega hasta nuestros días 24 siglos después.Geometría significa "medida de la tierra". También podemos deducir que la geometría es la ciencia que trata de la extensión, siendo ésta la medida del espacio ocupada por un cuerpo 1. Toda extensión tiene dimensiones (que son sus límites).Representación del PuntoLa primera definición que menciona Euclides, al inicio del Libro I, dice así: "Punto es lo que no tiene partes"Y es ahora cuando empiezan las dificultades. Si no tiene partes quiere decir que es indivisible, y si es indivisible quiere decir que es muy pequeño y que no existe modo de representarlo o de verlo. Diremos por tanto que el punto es irrepresentable y únicamente podemos imaginarlo en una posición determinada.Pero, si es irrepresentable ¿qué es el punto? El punto es un concepto, es una Idea.Esta idea, que proviene de la intuición intelectual directa, nos facilita la comprensión del punto. Tanto es así que para trazar una circunferencia, necesitamos primero un punto central. Sin la ayuda de este punto central no se podría trazar el círculo. Incluso si intentamos dibujar un círculo a mano alzada, tenemos presente la idea del punto central.El punto es equiparable al Uno. Diremos que es la primera determinación del Ser que proviene del No-Ser que sería el Cero metafísico. También podemos decir que el punto proviene de la NADA. Pero no una nada que no contiene nada, sino una Nada que contiene todas las posibilidades de manifestación.Una representación cotidiana y entendible analógicamente por la razón humana sería la de la hoja en blanco en la cual hemos representado un punto apoyando la punta de un lápiz. El punto sería el Ser en su primera manifestación y la hoja en blanco el No-Ser que posibilita al Punto, sin el cual no sería posible el desarrollo de otras figuras geométricas.Sin embargo, de algún modo hemos de materializar el punto ya que de no ser así no podríamos representar visiblemente las figuras geométricas. El mundo de las formas es finito, por lo tanto, el punto físico, aunque muy pequeño, puede representarse. Podríamos decir, para hacernos una idea, que el punto sería el límite elemental de la extensión.
Nota :1.- Ver a este respecto "Medida y manifestación", que conforma el cap. III de El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, de René Guénon. También el cap. IV, titulado "Cantidad espacial y espacio cualificado".

Historia de la pugna Masonería-Opus Dei


Por Sebastián Henríquez Tillería.
Presentamos el siguiente trabajo que se introduce en el tema de la pugna entre la masoneria y el opus dei...
Nosotros como jóvenes pertenecientes a una institución Laica, patrocinada por una logia masónica y como jóvenes nacionales de un país como el nuestro en que la Iglesia Católica y en particular el Opus Dei, tienen y han tenido a lo largo de la historia una gran influencia, deberíamos conocer los conflictos existentes entre ambas instituciones. Esta exposición no busca satanizar a una o a ambas instituciones, muy por el contrario, tratará de ver el tema con altura de miras, desde una perspectiva histórico-cultural que nos llevará a sacar nuestras propias conclusiones.
Referencia Histórica de la Masonería y el Opus Dei.
Muchas personas hablan del Opus Dei, pero pocas se detienen a investigar que es y de donde viene y cuales son los fines de esta institución.
El Opus Dei fue fundado por José maría Escrivá de Balaguer en Madrid el 2 de octubre de 1.928, aunque en ese momento solo se llamó la “Obra”. Su pretensión de denominarla “La Obra de Dios”- Opus Dei- sólo se concretó el 14 de febrero de 1.930, cuando dijo que recibió directamente el mensaje desde la divinidad.
En sus inicios el Opus Dei dirigió sus trabajos a los enfermos de los hospitales y los pobres, y fue rápidamente extendiéndose a distintas actividades sociales y económicas. Igualmente en 1.930, Escrivá acepta que el Opus está dirigido también a la mujer y dentro de su membresía se abre una categoría especial para las mujeres aunque básicamente está conformada, por varones, en la medida en que su cúpula de poder y mando está formada por religiosos y clérigos.
Desde 1.933 incursionó en la educación y a través de la Academia DYA comenzó su trabajo en este campo en Madrid. Como lo dicen sus propios reglamentos, la misión de la Academia, además de impartir educación universitaria en Derecho y Arquitectura, es la de dar formación religiosa y enseñar el mensaje del Opus Dei entre la juventud. Este fin esencial en la educación que se imparte bajo los dictados de la Obra se ha mantenido y reafirmado desde entonces.
Durante la guerra civil española el Opus Dei fue una avanzada y activísimo grupo combatiente contra la República Española y a favor del general Francisco Franco. Esta colaboración prestada por el Opus Dei al dictador Español fue tenida en cuenta y compensada posteriormente durante el largo período de gobierno de la dictadura.
A comienzos de 1.940 oficialmente la iglesia católica concedió aprobación al Opus Dei, a través del Obispado de Madrid. Y en el 1.943 a través de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz se le autorizó para ordenar sus propios sacerdotes, convirtiéndose así en un tiempo relativamente corto en una poderosa congregación con capacidad para darse sus propios dirigentes. Los años finales del decenio de 1.940 encuentran radicado en Roma a Escrivá de Balaguer, en donde mediante una intensa actividad de lo que hoy llamamos lobby consiguió que el Vaticano diera la primera aprobación pontificia del Opus Dei y lo constituyera en Instituto Secular. En 1.950 Pio XII promulgó la aprobación definitiva de la obra. El Decreto aprobatorio permitió la aceptación en el Opus Dei de personas casadas y la asimilación de sacerdotes de otras congregaciones católicas.
En tan sólo 20 años el Opus Dei recorrió un camino que costó años y en ocasiones siglos a otras congregaciones católicas.
A finales de los años 50 se inicia la expansión continental a la América Hispana del Opus Dei. Perú, Méjico, Venezuela, Guatemala, Argentina, Colombia, Ecuador, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Puerto Rico, Honduras, Trinidad Tobago, República Dominicana y Nicaragua, Canadá y Estados Unidos y por supuesto Chile. El mismo, o las más altas autoridades de la congregación visitan los países, promueven la fundación de colegios y la instalación de capítulos, no sólo en España y Portugal, sino también en América Latina. Cuando Escrivá de Balaguer fallece, el 26 de junio de 1.975, el Opus Dei es ya un poderoso brazo de la Iglesia instalado en el poder o muy cerca de él en los países Hispano Americanos.
Toda la influencia y el poder de la Iglesia Católica se ha puesto a las órdenes y al servicio del Opus Dei desde su fundación. ¿Qué razones ha habido para ello?. Para contestar este interrogante debemos analizar las condiciones y el momento histórico en que es fundado y mirar, así sea a vuelo de pájaro, las relaciones entre la Iglesia Católica y la Masonería antes de la creación del Opus Dei y después de ella.
Ahora que ya sabemos lo que es Opus Dei, debemos remontarnos al inicio de los conflictos entre La Masonería y La iglesia Católica, para después abocarnos a la pugna entre la primera y el Opus Dei, que vendría siendo como la fuerza de choque de la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Masonería e Iglesia Católica.
A pesar de que las relaciones entre la Orden Masónica y la Iglesia Católica han sido siempre difíciles y cargadas de problemas, no obstante, podemos establecer tres momentos en ellas: dos períodos puntuales de tensión y enfrentamiento, el primero, se dio en el siglo XVIII y el segundo, en el siglo XIX, y un tercer período de serenidad y acercamiento, especialmente de la Masonería a la Iglesia Católica, que ha sido perturbado por algunos sectores fundamentalistas en materia religiosa y de derecha en orientación política.
Veamos cada uno de los periodos. El Siglo XVIII, ve nacer formalmente la Masonería y es un siglo lleno de persecuciones contra la Orden Masónica. Fueron escasos los gobiernos y los estados que no prohibieran la masonería y las reuniones de masones. En realidad en la “Curia Romana” (Iglesia Católica) no fueron los primeros ni los únicos en condenar y prohibir la masonería. En 1.735 lo hicieron los Estados Generales de Holanda; en 1.736, el Consejo de la República y Cantón de Ginebra; en 1.737 son la Francia de Luis XV y el Príncipe Elector de Manheim en el Palatinado, Hamburgo y Federico I de Suecia en 1.738; María Teresa de Austria lo hará en 1.743; en Aviñón. París y Ginebra en 1.744; en 1.745 el Cantón de Berna, el Consistorio de Hannover y de Nuevo París, incluso el Gran Sultán de Constantinopla lo hará en 1.748; Carlos VII de Nápoles (futuro Carlos III de España) y su hermano Fernando VI de España en 1.741; en 1.763 los Magistrados de Danzintg; en 1.770 el Gobernador de la Isla de Madeira y los Gobiernos de Berna y Ginebra; en 1.784 el Príncipe de Mónaco y el Elector de Baviera Carlos Teodoro; en 1.785, el Duque de Baden y el Emperador de Austria José II; en 1.794 el Emperador de Alemania Francisco II, el Rey de Cerdeña Víctor Amadeo, y el emperador Ruso Pablo I; en 1,.798 se suma a los perseguidores Guillermo III de Prusia, éstos solo para citar los más conocidos. No hubo entonces suelo europeo, donde no se persiguiera a la Masonería.
Sin embargo, no pueden considerarse todas estas persecuciones como hechos aislados atribuibles exclusivamente a cada Estado, gobernante o autoridad. Ellas tienen un hilo conductor que habrá de mostrarse con las prohibiciones y condenas de los Papas Clemente XII en 1.738 y Benedicto XIV en 1.751, así como en el Decreto del Cardenal Firrao para los Estados Pontificios en 1.739.
En ese momento los cargos que se le hacen a la Orden Masónica se refieren al Secreto riguroso con que los masones se protegían y al juramento que ellos hacían. Cargos que permitieron aplicarles el derecho, heredado del Imperio Romano, que consideraba como ilícita, subversiva y un peligro para la tranquilidad de la religión oficial, el buen orden y la tranquilidad de los Estados, a toda asociación o grupo no autorizado por el Gobierno.
A estos motivos que podrían llamarse de Estado, que tuvo la Roma Antigua para perseguir a los primeros cristianos, los Papas Clemente XII y Benedicto XIV agregaron el considerar a los masones y a sus reuniones como sospechosos de “herejía”, y argumentaron a favor de este criterio el hecho de que los masones admitían en sus reuniones a todo tipo de individuos, fueran católicos o no católicos, y sancionaron con pena de excomunión a los masones.
Esta drástica medida para combatir la masonería está claramente establecida en el Edicto del Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Firrao, promulgado el 14 de enero de 1.739, en el que se dice “que las reuniones masónicas eran no sólo sospechosas de herejía, sino, sobre todo, peligrosas a la pública tranquilidad y a la seguridad del Estado Eclesiástico, ya que de no tener materias contrarias a la fe ortodoxa y al Estado y tranquilidad de la República, no usarían tantos vínculos secretos”. Una consecuencia inmediata y directa de este edicto fue la pena de muerte, confiscación de bienes y demolición de las viviendas de los masones.
Además, se dio también como resultado del mencionado edicto la creación del llamado delito de masonería, pues en las naciones con gobiernos confesionales, los masones fueron perseguidos no por serlo, sino por ofensa a la religión católica, puesto que estaban excomulgados, fundamentándose el delito de masonería en la lesión del Orden religioso católico, y desde el momento que éste se tenía como base de la Constitución de los Estados católicos, el delito eclesiástico automáticamente pasaba a concebirse y castigarse como delito político.
Lo anterior explica porqué en ningún documento del Siglo XVII incluidas las bulas de Clemente XII y Benedicto XIV, se prohíbe la masonería en cuanto a institución, sino “las reuniones de masones”, las cuales se señalan con nombres disímiles en la bula In eminenti del Papa Clemente XII, como son Asambleas, Conventículos, Juntas, Agregaciones, Círculos, Reuniones, Sociedades, etc.
El segundo momento de las relaciones entre la masonería y la Iglesia Católica se va a dar en el siglo XIX. Viene marcado este período por la aparición de las sociedades patrióticas y políticas, por un lado, y el impacto de la Revolución Americana, primero, y luego de la Revolución Francesa en los soberanos absolutistas de la Europa del Congreso de Viena que no se resignaban a perder su poder. Situación ésta que va a merecer especial preocupación por parte de Roma.
Sabido es, que ambas revoluciones van a contar entre sus líderes y víctimas a muchos masones e incluso sacerdotes católicos que se supo en ese momento pertenecían a la masonería, como es el caso del cura católico Gallot, que fue más tarde elevado a la condición de beato por la Iglesia Católica. Este papel preponderante de la masonería en ese momento histórico creó dos situaciones diferentes. Por un lado, en los países anglosajones, como Estados Unidos, Gran Bretaña y países nórdicos, la masonería adquirió prestigio social y tuvo presencia política, inclusive con figuras del clero no católico. Es así como los Reyes de Inglaterra y Suecia pertenecían a la masonería en sus respectivos países y gran parte de los presidentes de Estados Unidos militaban en sus filas.
En cambio, en los países católicos los ideales de la masonería, confundidos e identificados en gran medida con los del liberalismo, suscitaron por parte de la Iglesia católica y de los gobiernos absolutistas de la época una dura reacción contra la masonería, originada en la conocida unión del Trono y el Altar en defensa de sus respectivos poderes. Esta imagen de la Masonería Latina Europea fue la que atrajo a los líderes de la revolución Hispanoamericana, Bolívar, Miranda, San Martín, Santander, etc.
De manera que en los primeros años del siglo XIX el enfrentamiento masonería - Iglesia católica va a darse dentro de los marcos de interpretación de las revoluciones americana y francesa y de las consecuencias surgidas alrededor del denominado mito del complot masónico - revolucionario, difundido por el abate Barruel. Este famoso mito atribuyó a la masonería la creación de grupos de subversión, levantados en armas contra los gobiernos de los Estados, y que hostilizaban en la lucha armada a la Iglesia católica, como la renombrada Carbonería Italiana. La profusión de estas sociedades secretas las atribuyó la Iglesia a los masones, evitando así que la Masonería Latina Europea pudiera, al igual que la Anglosajona evolucionar rápidamente en su crecimiento y desarrollo.
El Vaticano no desaprovechó la oportunidad para mantener la prohibición y la condena contra los masones y sus reuniones, llegándose inclusive a considerar a la masonería como una “Sociedad clandestina cuyo fin era conspirar en detrimento de la iglesia y de los poderes del Estado”. En este sentido, se pronuncian la Constitución Ecclesian Christi de 1.821 promulgada por el Papa Pío VII y la Humanum Genus de 1.884, dada por León XIII. Pío IX y León XIII en el ánimo de mantener la confrontación con la masonería, se refirieron a ella en sus documentos y alocuciones, en más de 2.000 ocasiones.
En este período crítico de las relaciones entre ambas Instituciones, la Iglesia llegó inclusive a afirmar que la masonería atacaba “los derechos del poder sagrado y de la autoridad civil”, que “conspiraba contra la Iglesia y el poder civil”, que “atacaba a la iglesia y los poderes legítimos”. En Humanum Genus, León XIII afirma que el último y principal de los intentos de la masonería “era el destruir hasta sus fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, levantando a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo”. Afirma también que “la secta masónica tiene empeño en llevar a cabo las teorías de los naturalistas” y que “mucho tiempo ha que trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda injerencia del magisterio y autoridad de la Iglesia y a este fin pregona y contiende deberse separar la Iglesia y el Estado, excluyendo así de las leyes y la administración de la cosa pública el muy saludable influjo de la religión católica”.
Este enfrentamiento originó que en el Congreso Internacional de Trento se le diera a la masonería un trato que llevó a la Orden masónica de los países latinos a pregonar y practicar un exacerbado anticlericalismo y laicismo.
El resultado final, ya en los albores del siglo XX, es que el Código de Derecho Canónico promulgado el 27 de mayo de 1.917, después de la muerte de León XIII, recogió la doctrina jurídica de la iglesia sobre la masonería, especialmente las de Pío IX y León XIII. Es así como en el canon 2335 se confirman las disposiciones pontificias del siglo XIX, precisando la sanción al establecer que “los que dan su nombre a la secta masónica o a otras asociaciones del mismo género, que maquinan contra la Iglesia o contra las potencias civiles legítimas, incurren ipso facto en excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica”.
Es precisamente en este período lleno de agrios y duros enfrentamientos entre la masonería y la Iglesia católica cuando en 1.928 Josemaría Escrivá de Balaguer funda el Opus Dei. Desde su creación la nueva congregación aglutinó a los miembros más ortodoxos y fundamentalistas del clero católico, quienes comenzaron su trabajo misional con esos sectores de la feligresía.
En realidad de verdad, La Obra debió ser un propósito que tal vez se anidó en el ánimo de Escrivá desde mucho antes de 1.909 y cuyos orígenes pueden rastrearse en el primer decenio del siglo, alrededor del periódico El Debate perteneciente a la escuela del Real Patronato de Santa Isabel, en donde él ejercía como profesor de Filosofía y de Deontología; o en sus relaciones estrechas con la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, la cual desde El Debate impulsaba de manera dogmática su creencia religiosa. Esta Asociación de propagandistas fundada en 1.909 por el sacerdote jesuita Ayala tenía como fin “formar unas minorías escogidas, compuestas de hombres ‘apostólicos’ pertenecientes a las más variadas profesiones sin que tuviesen necesidad de hacer un voto especial de carácter religioso”; o en sus cercanas relaciones con Gil Robles fundador de la “Confederación Española de los Derechos Autónomos” partido político de carácter religioso.
Todas estas relaciones y amistades con el más crudo sectarismo religioso español y la violenta derecha hispana, fueron caldo de cultivo del Opus Dei. Si a esto agregamos el momento histórico en que se da – al que nos hemos referido antes, es posible entender que el Opus Dei fuera desde sus inicios un ariete que golpeó de manera sistemática a la masonería y a los masones. Situación que habrá de verse de manera muy especial y concreta en España, en donde la masonería fue soporte activo y combatiente a favor de la República, mientras que la gran mayoría de la Iglesia católica, especialmente sus más altas jerarquías lucharon a favor de las fuerzas de franco.
Este carácter antimasónico del Opus Dei, enraizado en su mismo nacimiento, va a generar otra de las características, ésta coincidente con la masonería, y fue la de utilizar algunos de los principios filosóficos esenciales de nuestra Augusta Institución en su ideario religioso, además de que sus miembros se someten a un rito de iniciación secreto, pero marcando su trabajo social, en salud y educación, con postulados políticos muy diferentes a los de la masonería. Es decir, de alguna manera Josemaría Escrivá buscó formar una masonería para los sectores más recalcitrantes y dogmáticos de la Iglesia católica.
Esta actitud del fundador del Opus Dei pretendió atraer también hacia La Obra y alejar de la masonería a los sectores más tolerantes del clero católico y de su feligresía creyente. Este aspecto del Opus Dei necesariamente tenía que producir, recrudecer y mantener las diferencias con la Orden, especialmente en España, México y Brasil.
Creado ya el Opus Dei, se va a presentar el tercer período, cuyo punto de referencia más importante es la celebración del Concilio Vaticano II (1.961-1.965), en cuyas conferencias habrá de darse una tendencia mayoritaria de aproximación entre la masonería y la Iglesia católica. En este sentido, los Obispos de Méjico, Monseñor Sergio Méndez Arceo y de Brasil, el sacerdote jesuita Riquet, junto con la mayor parte de la Iglesia francesa, holandesa y escandinava lideraron este acercamiento.
Uno de los más interesados en que este acercamiento cristalizara fue el buen Papa Juán XXIII, quien en 1963 hizo pública la siguiente Oración:
“Señor y Gran Arquitecto:
“Nosotros nos humillamos a tus pies e invocamos tu perdón por la herejía en el curso de desconocer en nuestros hermanos masones como tus seguidores predilectos.
“Luchamos siempre contra el libre pensamiento, porque no habíamos comprendido que el primer deber de una religión, como afirmó El Concilio, consiste en reconocer hasta el derecho de no creer en Dios.
“Habíamos perseguido a aquéllos que dentro de la propia iglesia habíanse distanciado inscribiéndose en las Logias, despreciando todas las injurias y amenazas.
“Habíamos irreflexivamente acreditado que una señal de la cruz pudiese ser superior a tres puntos formando una pirámide.
“Por todo esto nos arrepentimos Señor y con tu perdón te rogamos nos hagas sentir que un compás sobre un nuevo altar puede significar tanto como nuestros viejos crucifijos. Amén.”
En el año de 1.974 el Cardenal Seper, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, admitió públicamente la existencia de masonerías sin ánimo de enfrentamiento religioso con la Iglesia católica y reconocía por primera vez desde 1.738 que la excomunión lanzada hacía dos siglos era entendible en medio de los problemas políticos y de luchas religiosas ya superados. Producto de esta nueva situación, la Iglesia católica promulgó el 8 de enero de 1.983 un nuevo código de derecho canónico, en el cual el antiguo y drástico canon 2335, al que ya hice referencia antes, fue sustituido por el canon 1374, en el cual ya no hay una referencia concreta a la masonería ni a la excomunión y cuyo tenor literal es el siguiente: “Aquéllos que dan sus nombres a asociaciones que maquinan contra la iglesia, serán castigados con una pena justa; aquéllos que las promuevan o dirijan serán castigados con la pena de entredicho”.
Este canon resistió todas las presiones de los sectores más ortodoxos de la Iglesia, entre los cuales destacó por su activísima participación para evitar que se promulgara, el Opus Dei. No obstante, el Cardenal Ratzinger, actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cercano al Opus Dei y su gran defensor en las antesalas del Vaticano, expidió una Declaración sobre las Asociaciones Masónicas el 27 de noviembre de 1.983, en la cual insiste en la condena y el rechazo a la masonería y prohíbe a las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre esta Asociación ya que se le considera inconciliable con la doctrina de la Iglesia. Posteriormente el 23 de febrero de 1.985, ante el poco acatamiento que había tenido dicha Declaración, el Obsservatore Romano, órgano oficial de El Vaticano, publicó un artículo sin firma denominado “Reflexiones a un Año de la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Inconciabilidad entre la Fe Cristiana y la Masonería”. Esta nota es la vuelta a los tiempos inquisitoriales de la Iglesia, respecto de la Orden Masónica.
Masonería y Opus Dei
A pesar de ser la Masonería organización apolítica, uno de los cargos que le hicieron los gobiernos absolutistas y el Vaticano fue el de ser una asociación que perseguía el poder para derrocar los gobiernos imperantes con el fin de instaurar sus propios postulados y doctrinas, extraídos del más furioso anticlericalismo y laicismo y de las enseñanzas del naturalismo, en el decir de ellos.
La caída del absolutismo no quiso ser comprendida como una reacción de la sociedad en general, como en efecto lo fue, sino que en sectores interesados, la participación de los masones en los hechos revolucionarios de 1.779 y 1.781 en América y Francia, fue una confirmación de las actitudes subversivas de la Masonería.
En los siglos XIX y XX se da el apogeo de los gobiernos laicos como consecuencia de la separación de la Iglesia y el Estado. Este hecho significó la pérdida de una gran parte del poder terrenal que la Iglesia Católica ejercía en Europa y América Latina.
Retomar ese poder perdido ha sido uno de los fines del Opus Dei. Para conseguirlo ha trabajado durante setenta años tanto dentro de la organización de la propia Iglesia como de los gobiernos de España, Portugal e Hispanoamérica. En este tiempo, brevísimo en comparación con los tres milenios que ajusta la Iglesia de Roma, su diplomacia se ha adjudicado destacadísimos logros en uno y otro campo. Se ha convertido en la más importante fuerza dominante dentro de la Curia Romana, contando inclusive con el decidido apoyo de Juán Pablo II, aunque ello le ha granjeado no pocas resistencias y oposiciones de otros sectores de la Iglesia igualmente poderosos, que se han visto desplazados por la Obra. Según el Annuario Pontificio cuenta con 80.000 miembros en 80 países de todo el mundo, de los cuales 2.000 son sacerdotes. Es la única diócesis flotante, como prefectura personal, que existe y por lo tanto no está sometida a ninguna autoridad eclesiástica local y está gobernada por un prelado general que solo rinde informes al Papa cada cinco años. Esta situación ha llevado a que grupos de la Curia Romana digan que el Opus Dei pretende ser una Iglesia dentro de la Iglesia.
De otro lado, el hecho de trabajar en todo el mundo con los jóvenes, le permite estar en contacto con lo más granado de la inteligencia y del poder económico de los países. De esta manera, ha conseguido en las naciones hispanoamericanas colocarse muy cerca del poder político, cuando no dentro de él. Así ha orientado muchas de las políticas de gobierno en España, Colombia, Perú y otros países centro y sur americanos.
Superado el problema eminentemente religioso, que para la masonería no existe, se quiere presentar la lucha por el poder como otro factor que no permite la conciliación de las dos Instituciones. Debido a que el Opus Dei busca ser pilar ideológico y doctrinario, desde una visión teocrática de los gobiernos, rechaza por peligrosa la apoliticidad propia de la masonería.
Fuente: Hno:. LUIS F. LEON PIZARRO

viernes, 4 de julio de 2008

LA MASONERIA COMO VALOR ESPIRITUAL



Por la Hna:. Alice Ann Bailey


En ninguna otra época como en la presente, ha sido tan activa la búsqueda de la luz, la Verdad, la belleza y la sabiduría.
Jamás han existido tantas y tan diferentes organizaciones que pretendan dar la luz de la verdad. Por todas partes aparecen instructores que pretenden haber encontrado algún método específico, mediante el cual el hombre puede alcanzar el conocimiento de Dios, la paz interna y la iluminación; conseguir el dominio de sí mismo; o adquirir riquezas, bienestar y poder.
La gente va de un instructor a otro, buscando algo que les dé luz y sosiego. Todos pertenecemos a algún grupo organizado de buscadores de la luz; sea metafísica, esotérica u ortodoxa. Las organizaciones tales como «Nuevo Pensamiento»; «Ciencia Cristiana» y «Unidad» cuentan sus afiliados por miliares. Cualquier speudo instructor, capaz de hacerse oír o de prometer mucho, encuentra siempre quien le escuche.
En el caos originado por estas tendencias sectarias y adherencia a determinada presentación de la verdad, la verdad misma queda olvidada, En el choque entre personalidades, luchando cada
una en favor de determinado instructor y de su enseñanza de la realidad, la tranquila y susurrante voz de la sabiduría se apaga en la controversia sobre doctrinas, dogmas y cismas; y en la energía que se disipa en la construcción y destrucción de las formas, que la verdad puede asumir, se desvanece su verdadero significado espiritual.
Ante tal confusión, no es extraño que muchos investigadores sinceros, al contemplar la aparición y caída de instructores y escuelas de pensamiento, se pregunten si es que la verdad puede
encontrarse en alguna parte, ¿Es posible que la unidad pueda estar velada por tantas y tan diversas formas? ¿Será imposible encontrar una expresión de la verdad que sea incluyente y no excluyente? ¿Habrá una enseñanza de la Sabiduría Antigua que venga a satisfacer la necesidad universalmente sentida? ¿Será posible crear una organización cuyas características sean la impersonalidad y la más amplia tolerancia y que, a la vez, haga hincapié en principios esenciales que todos puedan aceptar, pasando por alto todos aquellos detalles susceptibles de controversia?
Seguramente ha de haber algo que nos guíe con seguridad en nuestro avance hacia el origen de toda luz y toda vida, y que hemos de encontrar algún poste indicador que sea suficiente para guiar en su camino al peregrino que trata de evitar los tropiezos a que está expuesto en la oscuridad.
En efecto, existe la organización, depositaria de la verdad, cuya plataforma es tan amplia y cuya enseñanza de la verdad es tan universal, que es capaz de satisfacer la necesidad del mundo.
Es un hecho curioso, sin embargo, que esa organización es tan extensamente conocida, que nuestra misma familiaridad con ella es causa de que se nos oculte su verdadero objeto.
El conocimiento que de ella se tiene es tan general, que las enseñanzas y las verdades que tiene la misión de impartir, quedan veladas por la importancia que atribuimos al aspecto forma. La organización a que nos referimos es la Masonería. En todos los países del mundo es conocido y actúa «ese sistema peculiar de moralidad, velado en alegorías e ilustrado por símbolos». Es muy probable que la Masonería, en una forma u otra, haya existido siempre en nuestro planeta. El estudiante de la Masonería, capaz de asimilar el conocimiento contenido en sus rituales, y de comprender el significado espiritual de los símbolos, mobiliario y alhajas de una logia, y de apreciar la idea subyacente en la acción que allí se desarrolla, percibirá gradualmente que esa Institución es depositaria de una expresión incluyente de la verdad, y que en la forma simbólica del trabajo masónico se ha preservado, para beneficio de la humanidad, una revelación que (cuando se investigue) dará la clave del misterio del universo y será un guía que permita al hombre llegar al corazón de su propio misterio.
Es opinión de muchos y profundos pensadores, que si en un momento dado desaparecieran de la faz de la tierra todas las religiones, iglesias y sectas ortodoxas, con sus diversas exposiciones de la verdad, esa pérdida se compensaría con la comprensión de la Masonería. El estudio del simbolismo y la aplicación práctica de las reglas de moralidad y ética, que ella inculca, permitirían reconstruir todo cuanto el hombre necesita conocer acerca de Dios, de Sus obras y leyes que rigen la economía del universo; y descubrir la relación existente entre el alma individual del hombre y la Súper alma, así como la conexión entre la unidad, parte integrante del gran Templo en construcción, el Gran Arquitecto de Cuya idea el Templo es una revelación.
Dos son las vías de acercamiento que se ofrecen al pensador ordinario, cuyo desarrollo le han de demostrar la verdad o falsedad de lo que se acaba de afirmar. Una es seguir el desenvolvimiento del cuerpo de doctrina a través de las edades, tratando de encontrar los antiguos hitos, que demuestran la continuidad de la enseñanza y su aplicación universal. Otro sería considerar a la Masonería en su forma actual y demostrar que las verdades que ella encierra, las enseñanzas que inculca y el espíritu que la informa son de posible aplicación universal y servir de fundamento lógico sobre el cual pueda la humanidad edificar. Esas dos vías de acercamiento se han seguido en sus etapas preliminares; pero no se han llevado hasta su conclusión. Nuestro propósito en este artículo es patentizar la amplitud todo inclusiva y la esencialidad de la plataforma masónica y demostrar que, sí las actuales organizaciones masónicas, diseminadas por todo el mundo, reconocieran su responsabilidad y aceptaran su herencia espiritual, la actual «oscuridad» de la ignorancia y el general letargo e inercia, se trocarían en esperanza para los que buscan la luz. No cabe duda de que puede elevarse en la tierra un Templo cuyas puertas estén abiertas de par en par para que por ellas todos los hombres puedan pasar y para que el mensaje procedente de sus precintos proclame la fraternidad, la libertad y la igualdad; libertad de pensamiento, fraternidad de actitud e igualdad de oportunidad, basada en la unidad de origen, de esfuerzos y de meta.
¿Qué es la Masonería? Se nos dice que es «un sistema peculiar de moralidad, velado en alegorías e ilustrado por símbolos». Consideremos, por un momento, el significado de esas palabras, Sistema, según la definición de este término, es el desarrollo de un plan determinado; la ejecución de un proyecto, con una finalidad definida en vista, ¿Cual es el objeto, o finalidad, hacia el cual va encaminado el sistema de moralidad, inculcado en la Masonería?
Es labrar la piedra bruta; transformar el bloque sin labrar, por medio de las herramientas del albañil, el cortafrío, la regla, la escuadra y el compás, en el perfecto sillar, de manera que asiente en el templo de Salomón y sea una «piedra viviente» del Templo de la humanidad, En la ejecución de su trabajo, y a medida que avanza hacia la luz, el aprendiz masón pasa por muchas experiencias. Antes de llegar a Maestro artífice tiene que aprender todas las fases de su oficio; hasta que finalmente perfecciona su técnica y se hace merecedor del título de Maestro Masón, alcanzando así el grado superior de la Masonería, el de Maestro de Sabiduría, Constructor bajo el G.'. A.'. del U.'. Tal es la finalidad de la Masonería y tal es la meta de todo candidato, al ser admitido en los misterios. Ha de convertirse en el perfecto sillar viviente; llegar a ser una columna del Templo de Salomón o, como lo expresa el V.'. del C.'. S.'.: «llegar a ser un pilar del
Templo de mi Dios de donde no tenga que salir jamás»; ha de pasar por muchas pruebas y resucitar de entre los muertos, como lo hizo nuestro Maestro Constructor, y así aprender el significado de la resurrección, por la cual se entra en posesión de la luz y de la vida.
Según la definición, «Moralidad» significa la capacidad de escoger entre el bien y el mal, la aptitud de discernir sabiamente. Es muy significativo que, al instruir al candidato, se hace constantemente hincapié en su libre voluntad, y cuando en el curso de las diversas iniciaciones ha de escoger entre varias cosas, se le deja en entera libertad a fin de que él mismo sea el árbitro de su propio destino. De esta manera se educa la mente a que razone y escoja, para que llegue a ser un maestro más sabio. El candidato ha de ser enteramente libre y venir por propia iniciativa y libre voluntad a solicitar que se le admita en una Logia de Masones Libres y Aceptados.
Nos falta considerar las otras dos palabras: alegoría y símbolo, que comprenden todo lo concerniente al arte masónico, los rituales, accesorios de la logia e instrucciones, «Alegoría» es la representación pictórica de algún hecho; es un método de inculcar en la mente no desarrollar, en forma de cuadros, lo que los conocedores de Dios han experimentado y enseñado a través de las edades. En las sublimes alegorías de la Masonería se ilustra para nuestro beneficio, la acción de las leyes de Dios, según se manifiestan en la naturaleza y en el hombre, y las consiguientes verdades acerca del desenvolvimiento de la conciencia humana, su progreso y su destino final.
En el gran drama central de la Masonería, se representa para nuestra enseñanza, aquello por lo cual «la entera creación ha sufrido y laborado hasta ahora bajo el dolor esperando, que los hijos de Dios se manifiesten»; puesto que solo un Hijo de Dios puede levantarse de entre los muertos en la peculiar quíntuple manera en que es levantado el Maestro Constructor.
El simbolismo de la Masonería es susceptible de las interpretaciones más diversas; sus signos, señales y palabras de reconocimiento, herramientas, pasos y mobiliario del templo, así como el significado de sus luces mayores y menores conservan para el iniciado aquellas verdades esotéricas que todo hombre necesita saber para encontrar su camino «de la oscuridad hacia la luz; de la muerte a la inmortalidad; de lo ilusorio a lo Real».
La Masonería, de consiguiente, no sólo es un sistema de moralidad, que inculca la ética más elevada, la cual, si se practica, provoca el desenvolvimiento de la divinidad; sino que además es una representación dramática de la regeneración. Nos representa el restablecimiento de la oculta divinidad del hombre, haciendo que se manifieste; representa la ascensión a los Cielos del hombre caído y, en la escena que se representa en la Logia, nos demuestra el poder, latente en todo hombre, de alcanzar la perfección, y la capacidad para adquirir plena visión e inteligencia y, de esa manera, hacerse dueño de sí mismo y árbitro de su destino. Lo que es verdad con respecto al individuo, lo es igualmente con respecto a la colectividad: por tanto la Masonería nos ofrece la promesa del triunfo final de una humanidad cuya medida es la perfección y cuyas filas están integradas por aquellos que, según las palabras del L.'.del C.' . S.' .,"han alcanzado la medida de la estatura y plenitud de Cristo", una humanidad formada por todos los hombres libres. En tal síntesis termina el camino».
Además de ser un sistema de moralidad y un gran drama de regeneración, la Masonería es una representación pictórica de la Gran Búsqueda. Instintiva en todo hornbre existe el ansia de saber y de expresarse, que es característica de la evolución del reino humano, y que constituye la prueba de su verdadera naturaleza.
Esta verdad yace oculta en el nombre de nuestro Maestro Hiram Abif; pues Hiram, según muchos estudiantes de la Masonería, viene de "Khy", que significa viviente y de "Ram", lo que se levanta. El viviente Hijo de Dios que es levantado, de su condición de caído, «a las alturas», según otra de las interpretaciones del nombre «Ram». «Si soy levantado -dijo el Gran Carpintero de Nazaret- atraeré a todos los hombres hacia Mi» Estas palabras hacen referencia al misterio central de la Masonería. Abiff quiere decir Padre, término con que se designa, en todas las religiones, al Gran Aspecto Espíritu.
Los tres primeros grados de la Masonería representan esta gran búsqueda o pesquisa. Progresivamente, el candidato recibe más luz; paso a paso, su ansia de conocimiento va siendo satisfecha; pasa del estado de ignorancia al del estudio, donde las artes y las ciencias le revelan sus secretos y dones. Adquiere en su oficio la pericia que de él se espera; no obstante necesita algo más. Ha de graduarse para algo mejor y más elevado. Debe encontrar la Palabra Perdida; pasar por varias pruebas y probarse a sí mismo; para finalmente llegar a dominarse y convertirse en un adepto de la sabiduría y en un instructor de otros; pagándoles el salario que les es debido y guardando la Palabra que le ha sido comunicada, con su propia vida, si es necesario.
La Búsqueda se tipifica de tres maneras en el curso de los tres grados: primero la Búsqueda de la iluminación representada por el determinado avance del candidato hacia el Oriente, en la actitud del oyente y del aprendiz. Por las enseñanzas que recibe, mientras circula por la Logia, aprende que él mismo es trino, una entidad compleja que es la suma total de sus estados mental, emocional y físico y que, no obstante, esas tres formas del ser encubren una luz interna, análoga a la Gran Luz en el Oriente; luz que es necesario encontrar.
Esta verdad, con respecto a la búsqueda de la luz divina, está bien expresada en una conocida leyenda que dice así : Hubo un tiempo en la historia de la raza en que los dioses despojaron al hombre de su divinidad y reunidos en consejo trataron de decidir donde esconderla. Uno de los dioses indicó que se llevara a otro planeta, donde el hombre no podría encontrarla; pero otro dios se opuso diciendo que el hombre, por naturaleza innata, era un gran viajero y que no había seguridad de que alguna vez encontrara su camino hacia ese otro planeta. Escondámosla, dijo, en las profundidades del mar, en el fondo del océano, porque allí estará segura. Pero otro habló manifestando que el hombre era un gran investigador natural y que algún día conseguiría penetrar en lo más profundo y escalar las mayores alturas. Así continuó la discusión hasta que un dios de inteligencia más brillante se levantó y dijo: «Ocultemos la joya robada de la divinidad del hombre dentro de él mismo, porque jamás la buscará ahí.» Con este acuerdo el consejo se disolvió, pues los dioses comprendieron que habían encontrado el lugar verdaderamente inaccesible. En verdad, durante edades parecía como si la luz oculta en el hombre se hubiese perdido para siempre.
Poco a poco, sin embargo, algunos descubrieron el secreto y aprendieron los medios para encontrar la luz. Este conocimiento ha trascendido a determinados grandes grupos de pensadores; de manera que hoy la religión y la Masonería nos ponen en camino de descubrir las leyes que gobiernan la revelación de la luz.
Los rituales que no se le deja conocer, y el trabajo de los grados cuya participación se le niega, dan al Aprendiz idea de su ignorancia; mientras trabaja en el exterior del Templo del Rey Salomón, tiene conciencia del misterio interno, el cual no puede penetrar todavía. Adquiere práctica en el manejo de las herramientas del Aprendiz, y gracias a la comprensión de su significado simbólico, labora en la formación de su carácter. La luz, que ya ha recibido, le basta para comprender la necesidad de sabiduría y para apreciar su indigencia. Pasa luego el segundo grado y empieza la gran Búsqueda de la Sabiduría. En este grado aprende que la vida es una escuela y que por el fiel cumplimiento de sus deberes y la lealtad hacia sus compañeros, podrá comprender un poco de la sabiduría, fortaleza y belleza que el Gran Arquitecto del Universo trata de expresar en Su Grandioso Templo.
En su trabajo, el Compañero aprende otras muchas cosas; ya no está limitado al recinto externo del Templo de Salomón, sino que tiene acceso al Santuario, donde aprende que hay otra etapa de desenvolvimiento y otro paso que dar en el corazón del misterio de la Masonería. No le ha sido dado todavía el penetrar en el Sancta Sanctorum.
Ha avanzado en conocimiento y en el dominio de sí mismo; trata de unirse a sus compañeros sobre el nivel y de ejemplarizar la libertad, la fraternidad y la igualdad; pero falta algo más todavía. Vislumbra cada vez con más claridad, que la luz está dentro de sí mismo; luz que es una con la que brilla constantemente en el Oriente; lo cual le prepara para la etapa final del gran drama del desenvolvimiento del Alma, y para iniciar la Búsqueda de la Palabra Perdida.
Esta es la búsqueda del Ego, el Alma, que es el verdadero hijo de la Viuda, a quien la Madre ha de dar nacimiento. La palabra «viuda» tiene origen en una palabra sánscrita que significa «faltar». Lo que falta en todas las demás formas en la naturaleza (materia virgen, la oculta Virgen María), lo puede encontrar y manifestar el ser humano. El candidato penetra ciego en el Templo. Destituido y falto de luz, sabiduría y conocimiento del alma; pasa por las experiencias de los dos primeros grados y por la dramática ocurrencia del grande y Sublime Grado de Maestro Masón, a la plena posesión de su derecho hereditario y se convierte en un Hijo de Dios, enriquecido por la luz, la plenitud de los dones que el Rey Salomón confiere a sus Masones y la posesión de la Palabra, de la que se dice: «En Él había Vida y la Vida fue la Luz de los Hombres... que era la verdadera Luz que alumbra a todo hombre al venir a este mundo». (San Juan, I: 1,2, 3.)
Las enseñanzas de esos tres grados han sido expresadas maravillosamente en las antiguas Escrituras hinduistas con estas palabras:
«Condúceme de la oscuridad a la luz», que resume la enseñanza del Primer Grado;
«Condúceme de lo ilusorio a lo Real» que compendia el significado del Segundo Grado;
«Condúceme de la muerte a la inmortalidad» que es la consumación del hecho central del Tercer Grado
Considerada bajo este aspecto, ¿no encontramos en la Masonería todos los elementos necesarios para la formulación de una religión universal? ¿No es cierto, como ya se ha dicho, que si todas las religiones y todas las Escrituras llegaran a desaparecer de la faz de la tierra y sólo quedara la Masonería en el mundo, podríamos todavía reconstruir el gran plan de salvación? Es este un punto que merece la más seria consideración de los masones sinceros. Es patente, en la esfera del pensamiento religioso actual, la gran necesidad que existe que se formulen las grandes verdades espirituales, de manera que lo comprendan todo y a todos, que satisfagan y que estén libres de interpretaciones sectarias.
El estudio de este punto convencerá al Masón sincero que, si la Masonería ha de alcanzar su ideal, será imposible para él el ir contra ningún hombre ni contra ninguna religión. Entonces se unirá a todos los buscadores verdaderos de la luz, cualquiera que sea su creencia y su raza. Su preocupación será dejar brillar la luz y encarnar el espíritu de unión y de fraternidad, en vez de dar ímpetu al odio ya la división.
Una masonería revitalizada, formada por masones fieles a sus juramentos y que hayan alcanzado la comprensión del Lazo Místico que los une en una Fraternidad real y verdadera, nos proporcionaría un sistema filosófico tan universal y amplio, que sería aceptable para los pensadores de toda clase y de todas las escuelas de pensamiento. De esta manera, no sólo llenaría el anhelo del espíritu religioso proveyendo una religión universal sino que satisfaría las ansias mentales, sentidas por todos los pensadores de mente abierta. El mundo está cansado de las diferencias y de las polémicas religiosas; harto de las controversias sobre cuestiones sociales, políticas y económicas, entre los pensadores de todas las nacionalidades. El espíritu de separatividad y los problemas que suscita nos sofocan. La hermandad masónica, ajustada a las cláusulas de su propia constitución y encarnada en sus propios principios, podría muy bien ser el punto de convergencia, y dar al mundo un postulado de tanta amplitud, que unos y otros podrían participar y desarrollar en cada uno la comprensión de los puntos de vista y aspiraciones
de los demás.
La Masonería enseña por la "voz viviente del signo", y donde exista esta base de enseñanza no puede haber imposición de autoridad o dictadura, porque cada uno es libre de interpretar el signo o símbolo, como mejor pueda, y desarrollarse por el esfuerzo que
para ello haga. Un signo o símbolo es susceptible de muchas interpretaciones, y cuanto más se acerque el hombre al Sancta Santorum del Templo de Salomón, mejor verá detrás de la forma y mayor será la porción de verdad que obtendrá del símbolo. De consiguiente, la Masonería será suficiente para muchas mentes, con tal que no trate de imponer arbitrariamente una interpretación simbólica.
Se ha dicho que el verdadero Templo de la Humanidad, del cual cada Logia de Francmasones es parte integrante, se ha erigido en tiempo y espacio y que no tienen cabida en la verdadera Masonería las distinciones que hacemos en nuestras mentes, basados en nuestros limitados sentidos. El Templo que la institución construye es el de la unificación y armonización de la entera familia humana; idea que está perfectamente compendiada en la bien conocida frase: «Dios hizo de la humanidad una vasta fraternidad, «El mismo su Maestro y del Mundo Su Logia».
En esta frase tenemos la visión y el ideal de una vastísima Fraternidad en la que cada miembro coopere en armonía con los demás en la erección del edificio, cada cual atento a su propia tarea. Dios mismo, el V.'. M.'., actúa por intermedio de Sus Maestros Masones.
Al considerar este programa universal, es oportuno hacer presente que la Masonería está basada en ciertos principios fundamentales, tan tolerantes y de significado tan universal, que es difícil concebir cómo podría excluirse de ella a individuo alguno de cualquier raza que fuese o a quién podría negarse la entrada, con tal que el solicitante sea sincero y busque ansioso la verdad.
La primera cláusula de este programa se encuentra en lo que se declara con respecto a «Dios y la Religión», en la constitución de 1723, que es la más noble expresión que conocemos de la universalidad espiritual de la orden. Dice así: «El Masón, por el hecho de serlo, está obligado a obedecer la ley moral. Si comprende debidamente el Arte, nunca será un estúpido ateo ni un libertino irreligioso. Pero aunque en antiguos tiempos se recomendaba a los masones de todos los países que profesasen la religión de su país o nación, cualquiera que ella fuese, se considera ahora más conveniente obligarles únicamente a que profesen la religión en la que todos los hombres coinciden, reservándose sus opiniones particulares para sí mismos; es decir, que sean hombres buenos y leales, u hombres de honor y honrados, cualquiera que sea la denominación o creencia, por la que se distingan. De manera que la Masonería viene a ser el lazo de unión y el medio de que personas que habían permanecido distanciadas perpetuamente traben verdadera amistad.»
Ningún masón que acepte la declaración que antecede y procure vivir de acuerdo con ella, llevará a su Logia ninguna cuestión o disputa de carácter personal y mucho menos cualquier controversia sobre religión, política nacional o internacional. Las cláusulas de carácter religioso incluidas en dicha constitución no son más que tres y de naturaleza tan general que todos pueden adherirse a ellas.
La primera se refiere a la creencia en Dios, en sus tres aspectos, a quien se considera como el G.'. A.'. D.'. U.'., el Creador del mundo material natural, que trae a la manifestación el cuerpo físico y material (individual y cósmico). Este nombre se le aplica en Su obra como la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el aspecto Espíritu Santo, cobijando a la Virgen materia a la que infunde vida e inteligencia. En cuanto al aspecto constructor de formas, la gran fuerza de atracción del universo, el alma consciente e inteligente, se le llama el G.'. G.'. D.'. U.'. La Segunda persona es la personificación de la fuerza subjetiva que trajo los mundos a la existencia; «el Verbo era con Dios... y sin El nada se hizo de lo que estaba hecho» (San Juan, I, 3). En el libro de los Proverbios se representa la Sabiduría como diciendo: (otra vez el segundo aspecto en todas las creencias) «yo estuve con El en el principio como Maestro Constructor» y gracias a su actividad, se trazó el delineamiento del plan y se puso en movimiento el ímpetu que llamamos Ley de Atracción en la naturaleza, o Amor, en términos del reino humano.
Finalmente, a Dios se le llama el Altísimo, significando el aspecto superior, o Padre, la Vida Una, o Principio subyacente en toda manifestación, la energía central que se da a conocer por medio de la fuerza y a través de la materia.
De modo, pues, que para el Masón, Dios es la vida espiritual esencial que trajo todas las cosas a la existencia; el factor coherente y preservador que mantiene todas las cosas en el ser; y la substancia de la cual se han hecho todas las cosas. Primero el Aliento del Altísimo; luego el Verbo y, finalmente, el descubrimiento del Verbo, asumiendo forma material. Esta no es la representación de una Deidad antropomórfica personal, ni se la representa de acuerdo con las diversas concepciones de una humanidad dada a la controversia, sino que se le presenta como el gran constructor Creador del Universo y como el Principio esencial subyacente en todas las formas. Todos podemos coincidir en este terreno; aunque cada uno haya formado su propio concepto y se imagine a Dios según su temperamento y tradiciones. Sin embargo, al encontrarse con sus hermanos masones en el recinto del Templó, se reservará su concepto privado y limitado de la
Deidad y reconocerá únicamente el gran Principio y Maestro Constructor Cuyo «amor es más amplio que la medida de la mente del hombre» y quien es suficientemente vasto y suficientemente grande para llenar todas las pequeñas fórmulas de verdad con respecto a El, y, abarcándolas todas, ser más grande que cualquier concepto acerca de El, Su Sabiduría, Fortaleza y Belleza, bastan para iluminarlos a todos y unirlos a todos, sin dejar uno solo en la oscuridad y fortalecerlos a todos hasta que encuentren su camino hacia la Luz.
Ya hemos tratado anteriormente de los otros dos conceptos del credo masón; a saber: la inmortalidad del alma y la fraternidad del hombre. Estos dos conceptos surgen naturalmente del concepto de Dios como Padre, al dar a cada uno de Sus hijos vida e inmortalidad divinas y desarrollando paso a paso el proceso de evolución, hasta que la unidad de parentesco y la unidad de destino sean un hecho en la manifestación. De esta manera, mediante la práctica de la fraternidad y la comprensión de los lazos que unen a todos los hombres, se realizará aquello de «Un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, Quien está sobre todo a través de todo y en todo» .
Este programa nunca ha servido mejor su objeto que en el caso bien conocido, ocurrido en Oriente y que se cita en una carta que el Gran Maestre Regional suplente escribió a Jorge William Speth: «Acabo de iniciar a Moung Ban Ahm, un birmano que ha
modificado sus creencias religiosas hasta reconocer la existencia de un Dios personal; El Venerable era un parsi; uno de los Vigilantes era induista, el otro un cristiano inglés; y uno de los diáconos, mahometano».
Para ser admitido fue bastante que Ahm creyera en Dios, en la inmortalidad del alma y en la fraternidad del hombre. Esto debería ser suficiente en todo el mundo. «La Masonería, debiera dar de mano a toda controversia y antagonismo sobre puntos no esenciales y abrir de par en par sus puertas y difundir su ideal por toda la tierra.
Debemos tener presente que la Masonería no es específicamente cristiana. En las Logias primitivas había muchos librepensadores. La Biblia no fue una de sus Luces Mayores hasta 1760, en que se inició la cristianización de la Masonería. En la proclama de la Gran Logia Unida de Inglaterra, en 1842, puede verse un intento para contrarrestar esa tendencia. En dicha proclama se afirma que la actitud de la Masonería no responde a religión alguna y que sus filas deberían estar abiertas para todos. Es interesante notar también, que los judíos fueron admitidos hace 150 años; los hinduistas en 1865 y los mahometanos en 1836. Apoyernos, de consiguiente, este amplia y generoso programa y neguémosnos a limitar el ideal original con la mezquindad de nuestro punto de vista.
Sistema Masónico de Gobierno
La Masonería es un organismo verdaderamente democrático, en lo que respecta a su sistema de gobierno. No obstante, está modelado de acuerdo con la divina Jerarquía que gobierna, desde el lado subjetivo de la vida, todo nuestro universo. Las dimensiones de la logia son (simbólicamente expresadas) «longitud de Este a Oeste, y en anchura de Norte a Sud y alcanza desde la altura más elevada al centro». Con tal que el hombre sea «libre y de buenas costumbres» no tiene impedimento para ser masón Libre y Aceptado. Todos entran en la Logia en igual condición de ceguera y pobreza y tienen todas las mismas oportunidades en los precintos del templo. En la Logia ideal, todos llegan finalmente a sentarse en el Oriente y a ocupar el sitial del Rey Salomón, lo cual simboliza la igualdad de todos los Hijos de Dios y la unidad de la Gran Obra. Así en el trabajo dentro de la Logia todos se reúnen en el mismo nivel y se separan siempre sobre la escuadra y son, uno en espíritu.
No es posible en los límites de un artículo como este, tratar más que ligeramente del bello simbolismo de una Logia de Masones, en lo que se refiere al gobierno de la misma, Aunque existe igual oportunidad para todos y un espíritu de verdadera democracia, el gobierno de una Logia, simbólicamente hablando, está confiado a sus tres dignidades principales, que con cuatro más constituyen una Logia de masones. Los tres funcionarios principales representan las tres personas de la Trinidad, los tres aspectos de la Deidad, mientras que los siete, que constituyen la Logia, representan el septenario de existencia espiritual, por cuyo medio, se puede considerar que desarrolla Dios su obra. Reciben diversas denominaciones, tales como: Los «Siete Espíritus ante el Trono», los Siete Arcángeles, Artesanos, Constructores, Rayos y Logos Planetarios, de acuerdo con la terminología o creencia determinada de cada exponente. Estos siete rigen durante el período de su mandato a los «Masones Libres y Aceptados» que se sientan como «columnas» del Templo; y puesto que todos pueden ocupar los sitiales a su vez, tenemos en una Logia de Masones la representación simbólica de una democracia verdadera y una autocracia vital actuando simultánea y armónicamente.
Para terminar, se puede considerar este interesante tópico tanto desde el punto de vista del mundo como desde el punto de vista individual. No obstante las imperfecciones de la Orden y de la materialidad con que la masonería en general se manifiesta actualmente; no obstante la pérdida de visión y de ideales que la caracterizan en determinados sectores, la Masonería, como movimiento mundial, ha sido el custodio a través de las edades de la Verdad y de un método de llegar a ella; método que sólo ahora va asumiendo la importancia que debería tener. Los símbolos, los rituales, los signos, los toques y las palabras de paso y todos los elementos de los antiguos misterios se han conservado intactos.
Tenemos la organización, tenemos la forma, tenemos el trabajo, tenemos los rituales, tenemos el simbolismo y las alegorías y tenemos todo lo que necesitamos para representar el gran drama del desenvolvimiento del Alma.
Se ha dicho, muy acertadamente, que el primero y más importante propósito y el principal fundamento de nuestra Orden, sobre el cual descansa y que ningún poder humano puede destruir, es preservar un cierto misterio, para transmitirlo a la posterioridad; un misterio que no ha llegado desde los tiempos más remotos, desde el primer hombre; y del cual depende, quizás, el porvenir de la raza humana. Pero este misterio es de tal carácter, que no puede conocerlo ni utilizarlo quien no se haya preparado por medio de una prolongada y completa purificación de sí mismo; por tanto, no todos pueden esperar poseerlo.
Cuando hayamos puesto nuestra casa en orden y hayamos comprendido el significado de nuestros juramentos; cuando cumplamos con nuestra Magna Carta; cuando seamos universales, como deberíamos ser, entonces el poder Dios descenderá y tendremos una gran agrupación de masones espiritualmente hablando. Cuando suministremos un programa amplio que sea todo inclusivo y no exclusivo; cuando no vayamos contra nada ni contra nadie, dando ejemplo de fraternidad; entonces ejecutaremos la Gran Obra y la Luz del G.'. A.'. D.'. U.'. brillará de nuevo en su templo. Entonces tendremos en el plano físico, en manifestación objetiva y tangible, el restablecimiento de los misterios, los cuales, aunque los hemos tenido siempre en limitada escala, han perdido su eficacia hasta que el hombre pueda consciente e inteligentemente penetrar en el templo por su propia y libre voluntad, Los misterios en toda su eficacia han sido retirados desde hace muchos siglos, porque los hombres no se han libertado todavía de la tradición, de la autoridad impuesta y de las supersticiones. Hemos de ser libres antes de poder tomar parte en los misterios. ¡Liberémonos de trabas! Esto no es un ideal imposible, sino realizable. Los signos de la época nos anuncian que el día está cercano.
El movimiento masónico tiene ante sí una oportunidad de ser útil, que a muchos les ha pasado inadvertida. La mayoría de los masones no se han dado cuenta de lo que ocurre y todavía no han visto la belleza de su ritual ni la verdadera utilidad del trabajo de su taller. Cuando reclamen la herencia que les pertenece y se den cuenta del privilegio que significa el ayudar en la unificación de los muchos grupos dispersos y proveer una técnica y una demostración que iluminen la investigación individual, entonces tratarán de comprender su obra y trabajarán en la construcción del templo. Entonces tendremos en el mundo una organización apoyada sobre una base tan amplia y tolerante que nos dará no sólo un postulado universal aceptable para los pensadores de todas las escuelas de pensamiento, sino también una religión universal y una forma de gobierno que pueda servir de modelo a todos los pueblos de la tierra.
El concepto se reduce, de consiguiente, a la actitud de cada masón individual, pues ningún grupo es mayor que las unidades que lo integran. Él es quien ha de iniciar la búsqueda por la luz y quien ha de ir en busca de la Palabra Perdida.
Este artículo es una de las varias conferencias dadas por la Hna.'. Bailey en Nueva York, que mereció los honores de la publicación en The Master Mason, Revista Nacional Masónica de los Estados Unidos, editada por la Masonic Service Association, 910 Seventeenth St, N. W. Washigton (EE.UU.)
Tomado de "Teosofía" Setiembre y Octubre 1932. ("Teosofía" fue la revista que continuó la obra de "Sophia" y "El Loto Blanco" en España)

viernes, 27 de junio de 2008

El Mahabharata y la Atlantida


El Mahabharata es una epopeya hindú que contiene más de 100.000 versos, distribuidos en dieciocho parvans o capítulos; su texto es cuatro veces más extenso que la Biblia y ocho veces más que el de la Iliada y la Odisea.

Fue compuesto por Sri Vyasa el Compilador (Krishna Davaipayana) , el abuelo de los héroes de esta epopeya.

Sobre cuando fue escrita, hay variadas fechas; según H.P. Blavatsky, se compuso al final de la Era de Cobre que precede a la edad del Kali Yuga, o sea, hace unos 5.000 años; aunque para otros autores, empezó a ser escrita entre los siglos XlV y XV a.C. En todo caso, la mayoría de los hindúes creen que narra hechos reales sucedidos entre el 3200 y el 3100 a.C.
Mahabharata significa la “Gran Guerra”. La historia principal de esta obra es el de una lucha dinástica por el trono entre los Pandava y los Kauravas. El Avatar Sri Krishna domina el conjunto y está rodeado por los Pandavas que triunfan en virtud de su justa causa. Los Kauravas son los opuestos y tienen entre ellos grandes héroes pero sucumben porque defienden una soberanía injusta.

Aunque su trama sigue una narración histórica, el Mahabharata es, en su conjunto, una enciclopedia de ética, conocimiento, política, religión, filosofía y dharma. Contiene la esencia de todas las escrituras. Su gran autor dice en el primer capitulo, sobre el contenido de la obra: “Lo que aquí se dice, lo hallarás en cualquier lugar; lo que no se halle aquí, no se encuentra en ningún otro lugar ".

Historia
El Mahabharata narra la historia de la Gran Guerra de la India entre los Pandava y los Kauravas. Éstos eran los hijos de dos hermanos, Dhritarashtra y Pandu, nacidos del sabio Vyasa.
Siendo ciego Dhritarashtra, Pandu le sucedió en el trono, pero confió el reino a su hermano mayor, yéndose al bosque, donde nacieron sus cinco hijos –Yudhishthira, Bhimasena, Arjuna y los mellizos Sadheva y Nakula-, llamados los Pandavas. Estos hermanos simbolizan, como dice el V. M. Sivananda, el dharma o la rectitud.

El rey ciego Dhritarashtra tuvo cien hijos -Duryodhana y los demás-, que eran llamados los Kauravas. Pandu murió durante la infancia de sus hijos y Dhritarashtra continuó reinando con ayuda de su tío-abuelo Bhishma, que había hecho voto de celibato de por vida.

Los príncipes Pandavas y Kauravas se criaron juntos y fueron educados y entrenados del mismo modo. Los dos grupos de príncipes se consideraban titulares del reino y miraban a los otros con hostilidad, creciendo de día en día las tensiones en sus relaciones y sentimientos.

Debido a su persecución por los Kauravas, los Pandavas abandonaron su casa y sufrieron tiempos duros y dolorosos, pero al casarse el rey Dhritarashtra con la hija de Drupada (pariente de ambos bandos que apoyaba a los Pandavas), envió por ellos y les concedió la mitad del reino.
Los Pandavas mejoraron su país y establecieron su capital en lndraprastha, realizando el sacrificio del caballo con gran pompa. Los Kauravas fueron también invitados a éste, pero viendo, la buena fortuna de los Pandavas y habiendo sido ofendidos y ridiculizados, sintieron celos y resentimiento, regresando a su hogar con sentimientos de enemistad y venganza. Conspiraron contra los Pandavas, invitándoles al juego, por medio del cual les ganaron todas sus riquezas, su reino e incluso sus personas, llegando a insultar y maltratar a su esposa, Draupadi, en presencia de todos.

Al final, quedó establecido que los Pandavas se exiliarían en el bosque durante doce años, pasando además otro año ocultos, sólo después de lo cual podrían recuperar su reino perdido. Los Pandavas así lo hicieron; pero, a su regreso, los Kauravas se negaron a devolverles su reino.

Esta actitud dio lugar a una guerra familiar, en el curso de la cual perecieron los Kauravas junto con los dos ejércitos, sobreviviendo tan solo los Pandavas, quienes obtuvieron la victoria final.

Los Pandavas fueron ayudados por Sri Krishna y por otros parientes, sumando su ejército siete batallones. A los Kauravas les ayudaban también sus parientes y amigos, sumando su ejército once batallones. Sin embargo, los Pandavas ganaron por seguir una causa recta y por la gracia divina.

Los personajes del Mahabharata
El V.M. Sivananda da a cada personaje unas características éticas. Así el noble y heroico abuelo Bhishma nos inspira con su espíritu de servicio desinteresado, su impávido coraje y su pureza; Yudhisthira es modelo de justicia y rectitud; a Karna, un hermano secreto de los Pandavas, aún se le recuerda por su gran generosidad; Arjuna es el hombre perfecto y el señor Krishna es el protector y el salvador.

El ciego Dhritarashtra representa la ignorancia; Yudhisthira, el drama; Duryodhana, el adharma; Draupadi, esposa de los Pandavas, representa Maia; Bhishma, el desapasionamiento; Dussana, hermano de Duryadhona, las cualidades negativas; Sakuni, tío de Duryadhona, los celos y la traición; Arjuna el alma individual; Krishna, el alma suprema, etc.

Todos estos héroes practicaron una austeridad, o Tapas, severa, obteniendo dones del Señor. Ésa es la razón por la que pudieron realizar tan maravillosos actos heroicos, que escapan a toda descripción.

Draupadi, Savitri, Kunti, Madri, Damáyanti y Gandhari eran muy devotas hacia sus esposos. Eran osadas e intrépidas al verse sometidas a dificultades, penalidades, sufrimientos y privaciones extremos. Eran devotas y soportaban sus sufrimientos gracias a la fuerza de su castidad y a su fortaleza moral. Eran esposas y madres ideales. Ésa es la razón por la que dejaron tras de sí nombres inmortales.

A pesar de todo lo que los Pandavas padecieron, tuvieron la suficiente fortaleza de no abandonar nunca el dharma.

Aunque parece una contradicción, los Pandavas que en la epopeya siempre siguen el camino del dharma y la rectitud, y además tienen a Krishna de su lado, pasan por todo un calvario, intentos frustrados de asesinato por parte de sus primos, 12 años de exilio en el bosque más uno oculto, etc. Sivananda explica que en el camino a la verdadera meta de la vida, la perfección, se ha de transitar por del dolor y el sufrimiento; sabiendo sufrir, el hombre es modelado, disciplinado y fortalecido.

De igual modo que el oro impuro se convierte en oro puro, eliminadas sus impurezas, fundiéndolo en el horno, el hombre impuro e imperfecto es, así mismo, purificado, perfeccionado y fortalecido fundiéndose en el horno del sufrimiento consciente.

El Quinto Veda
El Mahabharata es la epopeya india de mayor renombre, un libro único en su tipo en el mundo entero. Se le llama, también, el Quinto Veda.

Contiene incontables historias además del episodio principal, o Mahabharata, todas las cuales enseñan lecciones éticas o ilustran algunas características de los antiguos habitantes de la India.

Resume la historia de la vida política, social y religiosa. Las historias, canciones, cuentos de cuna, anécdotas, parábolas, discursos y dichos contenidos en esta epopeya son maravillosos y muy instructivos. Contiene las brillantes crónicas de héroes poderosos, guerreros que realizaron grandes hazañas, pensadores profundos, elevados filósofos, sabios y ascetas, y esposas castas y devotas.

El sexto capítulo, el Bhishma Parva, del Mahabharata contiene el sagrado evangelio del Srimad Bhagavad Guita, el diálogo entre el Señor Krishna y Arjuna. El Guita es la perla más preciada del poema, la esencia del Mahabharata.

Puesto que se da en el Bhagavad Guita tanta preeminencia al tema del Yoga, no cabe duda de que también el resto del Mahabharata, que lo menciona directa y alegóricamente, constituye un tratado de Yoga. Es interesante recordar las palabras que abren y cierran esta gran epopeya. Comienza diciendo: «Vyasa cantó acerca de la grandeza y el esplendor Inefables del Señor Vasudeva, quien es fuente y soporte de todo, quien es eterno, inmutable y auto-iridiscente, y quien mora en el interior de todos los seres, así como acerca de la veracidad y la rectitud de los Pandavas.»

Y acaba diciendo:
“Con mis brazos alzados en alto, grito a voz viva, pero, ¡ay!, nadie escucha mis palabras, las cuales pueden proporcionar la paz suprema, la felicidad y la dicha eterna. Se pueden obtener riqueza y todo objeto de nuestro deseo por medio del dharma (la rectitud o el deber). ¿Por qué no lo practica la gente entonces?

No se debe abandonar el dharma bajo ningún pretexto, aun a riesgo de la propia vida. No se debe eludir el dharma por causa de la pasión, el miedo, la codicia, ni siquiera para conservar la propia vida. Medita acerca de ello diariamente, oh hombre, al retirarte a dormir y al levantarte cada mañana.

Conseguirás cualquier cosa que le propongas. Conseguirás gloria, fama, prosperidad, una vida larga, dicha eterna, paz imperecedera e inmortalidad.”

Epopeya histórica y alegórica
Este poema ante-homérico narra en verdad la Gran Guerra Ario-Atlante que interesó por igual a los cielos y a los hombres. Al respecto dice el V. M. Samael:

“La Gran Guerra entre las Razas Solar y Lunar en la sumergida Atlántida, fue maravillosamente cantada por los orientales en el Mahabharata". Dicen las tradiciones que esa guerra duró muchos millares de años.

Ésta es la guerra o serie de guerras casi contiguas que duraron siglos desde hace 800.000 años, fecha en que, según la Doctrina Secreta, acaeciera la primera de las tres catástrofes atlantes, y hace 200.000 años la segunda, hasta la última de la Isla de Poseidonis, frente a Gades, acaecida hace unos 11.000 años.” Mensaje de Navidad 1967.

Estas terribles guerras han sido histórica y simbólicamente cantadas en las epopeyas del Mahabharata. Las fechas exactas nunca se describen en los mismos textos. En general, los antiguos no tenían el sentido de la cronología ni de la historia que tenemos actualmente, por lo que los investigadores encuentran datos contradictorios; debemos entender que, más allá del tiempo y el lugar, los hechos y la historia se repiten, y que lo que los viejos textos transmiten es una verdad y unas enseñanzas dirigidas no sólo al intelecto sino a todos los centros psico-físicos del lector, integrando aspectos de moral, política, historia, cosmología, religión, filosofía, poesía, etc.

El Mahabharata es el prototipo literario mejor conservado alusivo a esa gran guerra entre los pueblos de la Buena Ley (magos de la derecha) y los de la Mala (o magos de la izquierda). Por lo mismo que en él se habla de la lucha entre hombres solares y lunares de la Atlántida, lucha perpetuada después entre los arios y los restos de lo pueblos que sucumbieron en la gran catástrofe.

“Entre unos y otros ario-atlantes se riñó la Gran guerra que poéticamente nos recuerda el Mahabharata”. (Roso de Luna)

Este texto y otros son el firme testimonio de que, si bien en nuestros días toda la historia ario-atlante es menospreciada como fábula, lo cierto es que antes de llegarse a los tiempos que llamamos históricos, acaecieron colosales luchas religiosas como triste herencia de la Atlántida, las cuales están simbolizadas en las luchas de los Titanes griegos o en las del Mahabharata hindú.
Por otra parte, en su carácter legendario el Mahabharata envuelve una alegoría filosófica relativa a la eterna lucha entre el Bien y el Mal, Roso de Luna explica que esta obra maestra, con el fondo de una guerra histórica, canta la lucha eterna entre el Bien y el Mal sobre la cabeza del hombre y de la humanidad a lo largo de su vida física.

Por tanto, la batalla del Mahabharata se libra aún en nuestro interior. Sobre esto, dice Sivananda: “La ignorancia, o avidya, está representada por Dhritarashtra. El alma individual, por Arjuna. Quien habita en tu propio corazón es Krishna, el Carretero. El cuerpo es tu carruaje. Los sentidos, o Indriyas, son los caballos. La mente, el egoísmo, los sentidos, las impresiones (samskaras), los deseos (vásanas), los anhelos, la atracción y la repulsión (raga-duesha) , la pasión, los celos, la avaricia, el orgullo, la hipocresía, etc., son tus enemigos acérrimos.”
Kurukshetra, el campo de batalla, es la vida física. Vivir significa luchar, pues la vida es una batalla entre las fuerzas del bien y del mal, de lo divino y lo demoníaco, de la pureza y de la pasión, que están en constante enfrentamiento.

Decaimiento de la virtud
El Mahabharata termina con la muerte del dios Krishna -hace unos cinco mil años-, y el final de su dinastía con el ascenso a los cielos de los hermanos Pandavas junto a los dioses. Ese momento también marca el principio de la Era de Kali, el Kali Yuga. Ésta es la cuarta y última edad de la humanidad, donde los grandes valores y las ideas nobles que la humanidad representa están desmoronados, y los hombres se dirigen rápidamente hacia la disolución completa de la moralidad y la virtud en general.

Esta leyenda que tiene por marco las guerras del Kali Yuga atlante y ario, en sus capítulos va explicando las verdaderas causas humanas y cósmicas de la virtud y el pecado para que el hombre pueda guiarse hacia su verdadero destino de Perfección.

En el capítulo del Mahabharata, “El lago de la muerte”, Yudhistira es interrogado por Dharma, que aparece como su padre, dándonos una idea de todas las virtudes que una vez fueron nuestras y que se fueron perdiendo hasta encontrarnos en la situación en la que estamos, es decir, en el Kali Yuga o la Edad de Hierro, una edad en la que el materialismo es nuestro único Dios, y en la que nuestra alma es el dinero.

Eso mismo debió ocurrirle a la pasada civilización, anterior a la nuestra, llamada la Atlántida. La humildad dio paso al orgullo, y por consecuencia, al alejamiento de la divinidad; se dio paso a la soberbia y a la falta de la vergüenza, esencial para el arrepentimiento y para apartarnos de los actos deshonestos. Cuando la injusticia sustituye a la justicia y la misericordia se ha olvidado, ¿quién va a querer volver a Dios?, ¿quién va a querer tener el conocimiento verdadero?

Cuando una civilización como la Atlántida, al igual que la nuestra, llega a ese grado de materialismo, se apodera de los seres humanos la ignorancia, que va unida al dolor y al vivir sin sentido, sin saber ni por qué ni para qué estamos en este mundo. En estado de ignorancia cometemos errores, y si no somos lo suficientemente humildes para reconocerlos y aprender de ellos con la autocrítica, es entonces cuando nos volvemos inmorales y malvados.

Al llegar a ese punto entra el miedo y el temor, de los que la mala voluntad es su hija, y la maldad se apodera de nuestro corazón.

En este estado de cosas, en el capítulo V, “Udyoga Parva”, Vidura explica a Dhritarashtra el tipo de personas que no pueden dormir, a saber: un hombre que desea la mujer de otro, un ladrón, alguien que ha perdido toda su riqueza o piensa en que la perderá, un hombre fracasado y otro deprimido por alguien más fuerte.

Los ignorantes tienen por principales características que son vanos y orgullosos, y cuando quiere obtener algo, nunca dudan, en emplear medios deshonestos. Tienen disposición para desear lo que no tienen derecho a desear y los poderosos les hacen sentir envidia.

La persona a quien los dioses condenan a la derrota tiene sus sentidos fuera de control y así se inclina por los actos innobles. Cuando el intelecto se oscurece y se acerca la destrucción, la maldad disfrazada de virtud golpea fuertemente el corazón, y el intelecto así nublado conduce el hombre a la derrota.

Controlar el habla es imprescindible, una charla intencionada puede hacer mucho bien, pero una mal intencionada puede clavarse en el corazón como un daga y es muy difícil sacarla.

Una persona sabia debe comprender el Bien y el Mal con la ayuda del intelecto, mejor dijéramos con la inteligencia, debe conquistar los sentidos y debe abstenerse de las mujeres, los dados, la caza, hablar con rudeza, la bebida, la severidad en el castigo y de malgastar la riqueza. Sabe que el bien más alto es la justicia, y la paz suprema es el perdón. La alegría suprema es el conocimiento, y la felicidad suprema es la benevolencia.

Para que una persona aspire a ser sabia y no tenga peligro de caer en la degeneración, ha de adorar cinco cosas: el padre, la madre, el fuego, el preceptor y el alma. A su vez ha de evitar seis faltas: el sueño, la modorra, el miedo, la ira, la indolencia y la tardanza. Y saber que hay tres cosas que destruyen el alma: la lujuria, la ira y la codicia

Esta clase de personas no saben que es la virtud: el iracundo, el hastiado, el distraído, el enfadado, el famélico, el afligido, el codicioso, el amedrentado y el lujurioso.

El sacrificio, el estudio, el ascetismo, los donativos, la verdad, el perdón, la misericordia y la alegría constituyen los ocho caminos diferentes de la justicia.

La inteligencia, la tranquilidad mental, el autocontrol, la pureza, la abstinencia de palabras rudas y el no desear hacer nada que desagrade a los amigos son las siete cosas que se consideran como el combustible de la llama de la prosperidad.

Las cuatro Eras
En los tiempos del Kali Yuga, el materialismo se hace tan poderoso, que incluso, una civilización tan poderosa como lo fue la Atlántida al perder los valores del Espíritu desapareció.

En la existencia de una civilización se desarrollan cuatro etapas o eras; la primera, cuando el hombre gobierna en el mundo, entera y estrictamente, en la Ciencia de la Justicia (el Dandaniti) se dice que establece el Kitra Yuga o la Edad de Oro, la mejor de todas las eras. Durante esta época, la tierra da cosecha sin, ni siquiera, ser cultivada y la justicia prevalece ante todo, en la tierra reina la paz y nada más que la paz.

Cuando el hombre sólo lleva tres cuartas partes de este Dandaniti, aparece la Era de Treta Yuga o la Edad de Plata.

Una cuarta parte del dharma ha desaparecido en él y una porción igual de adharma ha entrado. En esta era, la tierra produce cosechas pero espera a que se la cultive, la cosecha ya no es espontánea.

Cuando el hombre sirve sólo a la mitad del tratado Dandaniti, la era que aparece es Dwapara o la Edad de Cobre, la mitad de la justicia se ha disipado siendo reemplazado por la injusticia, equiparándose a partes iguales el dharma y el adharma. En esta época, incluso aunque la tierra sea cultivada, sólo produce la mitad de la cosecha.

Cuando el hombre ignora el edicto de Brahma y empieza a oprimir al pueblo, aparece el Kali Yuga o la Edad de Hierro. La injusticia y el caos reinan por todas partes sin que quede rastro de justicia. El mundo se convierte en el hogar de la anarquía y las enfermedades someten a los hombres haciéndoles morir prematuramente. Las nubes no sueltan su lluvia en las estaciones y las cosechas se pierden.

El karma
La mítica ley del karma, la ley de acción y consecuencia, desempeña un papel integral en la comprensión del Mahabharata.

Esta leyenda abre acertadamente esta época del Kali Yuga donde el bien y el mal iban a reinar con fuerzas casi iguales, donde los problemas y las funciones del karma iban a ser tan complicadas.

Al principio no había ningún rey, ni ningún castigo. Todos los hombres eran justos y se protegían unos a otros. Con el paso del tiempo los corazones de los hombres comenzaron a ser invadidos por el error, y es entonces cuando la mente empieza a oscurecerse y el sentido de lo justo y de lo injusto empieza a desvanecerse.

El primer error que entra en el corazón de un hombre es la codicia. Cuando ésta entra, los hombres desean cosas que no les pertenecen. El segundo error fue la lujuria acompañado de la ira. Cuando estas pasiones entraron dentro de los corazones de los seres humanos, la justicia se fue perdiendo poco a poco.

Los Dioses, al percatarse de esto, se dirigieron a Brahma para poder salvar la situación y éste escribió un tratado que se componía de cien mil lecciones formulando las normas de corrección. Los principales preceptos de este tratado versaban sobre dos aspectos: el castigo público y el castigo secreto. Este tratado llamado Dandaniti, sería compuesto para la propagación del dharma, artha (riqueza, poder) y kama (dicha) complementado por el castigo para proteger al mundo. Los hombres serán principalmente guiados por el castigo.

El deber de un ser humano es buscar las riquezas, pero no las riquezas materiales sino las riquezas del corazón, que tienen su raíz en la virtud.

Ha de tener sus pasiones bajo control como el auriga que conduce a sus caballos donde le place y estos le obedecen. Cuando esto no ocurre y pasa lo que en estos tiempos nos está pasando, la mala voluntad es el dominador y por consiguiente el ser humano va entrando en un proceso progresivo de degeneración, donde la humildad es sustituida por la soberbia y no nos acordamos apenas de nuestros padres. El caos se apodera del mundo debido al egoísmo de nuestro corazón.
Lo superficial y la mediocridad es cada vez mayor y cuando se cumple el tiempo donde el pecado del mundo es tan grande, a pesar del castigo o el karma en que estamos sometidos para el equilibrio de este mundo, es entonces cuando una civilización ha de terminar, como le ocurrió a la Atlántida.

Lo que hace a una civilización caer en la más absoluta degeneración y desaparecer es la pérdida de todos los valores que posee nuestra Conciencia humana.

Enseñanzas
Todo el conjunto es una enciclopedia de enseñanzas de moral, de historia y de religión como no hay igual en la literatura del mundo.

El mensaje del Mahabharata es el de la Verdad y la Rectitud. Esta gran epopeya produce un despertar ético en sus lectores, exhortándoles a seguir el camino de satia y dharma.

Les induce a hacer buenas obras, a practicar el dharma, a cultivar el desapasionamiento comprendiendo la naturaleza ilusoria de este universo y de sus glorias vanas y placeres sensoriales, y a alcanzar la Dicha y la Inmortalidad eternas.

Le incita a uno a actuar como hicieron Yudhishthira y los demás héroes. Adherirse al dharma con tenacidad es alcanzar la felicidad imperecedera y moskha, el summum bonum de la vida. Éste es el significado final o la enseñanza central del Mahabharata.

Que las enseñanzas de esta ilustre y antigua epopeya nos guíen durante toda la vida. Que estos grandes personajes del Mahabharata nos inspiren.